Este documental de 85 minutos, dirigido por Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov, es el primer filme nominado en los Oscares como Mejor Película de habla no inglesa y Mejor documental largo. Trata de la última mujer recolectora de abejas en Europa y cómo su cotidianidad cambia con la llegada del capitalismo a sus tierras. EStamos hablando de Honeyland.

El primer acercamiento a la vida de las abejas sucede en la infancia, en el momento en que las niñas y niños tienen inquietud por ver a los insectos y los adultos les advierten no acercarse a las abejas para que no los piquen. Disfrutan de la dulzura natural del sabor de la miel en distintas presentaciones y en los festivales de primavera existe el disfraz y la figura de la abeja que también puede ser reina del festejo.

Aquí está nuestra posible historia con la miel y las abejas desde las ciudades urbanas. Comprar, consumir y desechar se ha convertido en una actividad de todos los días. En Honeyland (2019) existe la oportunidad de entender otra parte de la historia; el cuidado de las abejas en la parte más natural en Macedonia.

Miel, abejas y dulzura. ¿A qué saben las abejas? Hatzide Murotava es una mujer que vive en un pueblo al Norte de Macedonia con su madre en una construcción rural y lejos de la ciudad. Todos los días ella se levanta y camina hacia las montañas para obtener el ingrediente más puro: la miel. Inmediatamente ella se convierte en la única persona que conoce y respeta a las abejas para extraer el alimento. “La mitad para ustedes, la mitad para mí”, y es así como Murotava regresa a casa con su madre para compartir.

Hatzide es la última hija y tiene el deber de cuidar de su progenitora hasta el día que ya no esté viva, antes de eso ella no tiene permitido hacer otra historia de su vida. A lo largo de la película conocemos el amable trato y actitud de la protagonista que también nos conduce a un modelo sobre cómo deberíamos tratar a la naturaleza.

Murotava es el lazo que nos permite entender el respeto que le debemos a la tierra y al mundo, a las abejas. Un respeto que comienza con actividades como extraer miel del panal de abejas amablemente hasta dejar de tirar basura y tener consciencia sobre el medio ambiente. ¿Cómo tratamos a aquella única naturaleza que nos provee de alimento y bienestar?

Los vecinos. La rutina de todos los días consiste en levantarse, dar de comer y cuidar a su madre. La acompañamos al momento en que viaja a la ciudad más cercana para vender con un gran entusiasmo su producto. Después de un largo día de trabajo ella regresa a casa para atender sus deberes.

Al vivir cerca de las montañas y en un espacio casi inhabitado, Hatzide disfruta del silencio y la naturaleza para ella misma, incluso junto a sus abejas. Todo cambia el día en que llega un granjero con su familia a vivir a un lado de ella. La atención de la apicultora se ve atraída por la energía de los niños y niñas, además de su cantidad de animales. Al pasar días y noches juntos, crean un pequeño lazo de amistad en el que Murotava decide enseñarle al granjero a tratar a las abejas.

Una respuesta de la naturaleza. Al paso de los momentos, tardes y noches el granjero comienza a desear cada vez más y más miel, ignorando el trato y atención que Hatzide le señaló al comenzar esta actividad. Impulsado por el deseo de tener más, producir más y tener varias bocas por alimentar presiona a las abejas hasta dejarlos a ambos habitantes sin miel. Ganado muerto, malas cosechas y desperdicio comienza a existir en sus espacios, acompañados de soledad y muerte, la familia decide dejar su hogar para ir en busca de algo distinto.

En esta cinta uno de los temas principales es la naturaleza y cómo nos acercamos a ella, ¿bajo qué fines y deseos? Ante esta situación Hatzide decide subir al monte acompañada de su perro para encontrar a las últimas abejas que le quedan. Sola, libre y con un nuevo camino por comenzar.