Desde que era niña, mi mamá ha trabajado y por eso gran parte de la infancia la pasé en casa de mis abuelos maternos; ellos cuidaban de mí desde que salía de la escuela hasta que alguno de mis padres pasaban por mi para ir a casa.

Mi abuelo también trabajaba por lo que la mayor parte del tiempo la pasaba con mi abuelita: Teresa Patoni Martínez, quien es una parte clave de mi formación y habilidades que ahora tengo. Ella me enseñó a cocinar algunos platillos, el gusto por las telenovelas y a admirar la belleza de las plantas.

Por otro lado también está mi abuela materna: Evelia Montero Velázquez (qepd), quien también tenía gusto por las plantas. A ella la frecuentábamos los fines de semana. Recuerdo muchas cosas de mi abuelita, pero una de tantas es que los fines de semana le gustaba ir a Xochimilco por plantas. Qué bonito era verla escoger una y luego ir a su casa y ver la planta ahí y cómo iba creciendo.

Mis dos abuelas manifestaban un cariño bonito hacia las plantas, por eso no es de extrañarse que mi mamá, Leticia Ramírez Patoni, también lo tuviera. En casa, mi mamá nos acercaba a las plantas y sus cuidados a mi hermana y a mí. Crecimos viendo a nuestra mamá y abuelas cuidar a sus plantas y emocionarse cuando daban flores o nuevas hojas: “Mira hija, ya está creciendo”.

Por eso, este 10 de mayo quiero agradecer a mi mamá y a mis abuelas el enseñarme lo bello que es cuidar de otro ser vivo, por desarrollar en mí la sensibilidad de observar a las plantas y así entender lo que necesitan: más o menos agua, sol o luz, de emocionarme cuando hay signos de vida nueva y a valorarlas como lo que son: otro ser vivo.

Ahora que tengo mis plantas y soy responsable de su cuidado, he notado lo expresivas que son: cuando reciben mucho sol sus hojas te lo dicen, antes de secarse o caerse se ponen amarillas y esa es la primera advertencia de que hay que cambiarlas de lugar; en un par de días las hojas recuperan su color verde.

Al contrario, cuando tienen mucha agua sus hojas se notan caídas y muy verdes; esto se arregla con un poco de sol y suspendiendo el regado por algunos días hasta que se vea recuperada. Ver crecer tus plantas es hermoso porque quiere decir que al notar los cambios de colores y texturas en sus hojas, has desarrollado un lenguaje con ellas y que las entiendes y sabes lo que necesitan.

En verdad no lo sé, pero tal vez esa misma satisfacción es la que sienten nuestras madres y abuelas al vernos crecer, florecer, y fortalecer nuestras raíces con las instrucciones y cuidados que ellas nos han dado. Hoy me siento agradecida por esa gran herencia que me han dado las mujeres que me han cuidado. Feliz 10 de mayo a todas las madres que nos hacen florecer.