Metronomy


Entre cerveza y buena onda, la gente ya estaba prendidísima desde media hora antes que Metronomy saliera a escena. Apenas las 9 y la ansiedad por verlos era tanta que, cual si fuéramos un público novato, cada que salía alguien de staff a acomodar los instrumentos, la gente gritaba a todo pulmón.

Fotos de redes

Entre los asistentes, había fans veteranos de la banda y muchos nuevos que llegaron con su último álbum Metronomy Forever, que también es el nombre a su gira actual. También había personas arriba de los cincuenta, adolescentes y extranjeros. Parece ser que los mejores shows y bandas siempre superan la barrera de las generaciones y países, así que era una buena señal de lo que íbamos a presenciar.

Metronomy emergió de las cortinas escenario muy uniformados al puro estilo de la Naranja Mecánica, con jumpsuit blancos y fueron recibidos con ovaciones tan fuertes que las primeras notas de “Wedding Bells” se vieron ahogadas entre gritos de emoción.

El sonido como siempre estuvo impecable y se les notaba en la expresión facial que estaban igual o más de felices de visitar nuestro país que nosotros. Y no es para menos, pues la Ciudad de México – así como con muchas otras bandas – es la ciudad con más oyentes y, sin duda, fans en el mundo de Metronomy. Se siguió calentando el show con su sencillo “Lately”, pero el público terminó de prenderse cuando las primeras líneas del bajo de “The Bay” se hicieron sonar. Era tan solo la tercera canción del set y ya se sentía que el boleto había valido muchísimo la pena.

Entre canciones hubo interludios totalmente instrumentales, que variaban desde la experimentación electrónica hasta el juego de guitarras muy rockeras (en serio, hasta en cierto punto sonaron metaleros). Estos momentos, que en muchos otros conciertos se perciben como el break de hueva entre canciones, en realidad fueron un puente perfecto que prendió casi tanto como las canciones más populares. El show aparte de lo musical, fue valiosísimo por sus bailes y performance.

El magistrado musical y sus más de veinte años en la banda relucieron: la manera en la que Michael Lovett y Oscar Cash manejaron los sintetizadores y teclados con tanta soltura y talento aunado a la perfección del bajo mega funky de Olugbenga Adelekan nos hizo bailar intenso. La sintonía y amistad que tienen en el grupo exuda; cada miembro encaja perfecto y toca sus respectivos instrumentos de una manera única y creativa.

Sin duda, los hits de su álbum The English Riviera junto con hits como “Love Letters”, “Salted Caramel Ice Cream” y “Old Skool” hicieron que todos moviéramos las caderas como si de cumbias se trataran. La manera coordinada del coro y cómo meneamos todos las manos y prendimos el flash de nuestra cámara llenaron de una energía potente el venue: se sintió como una reunión de viejos amigos y una fiesta perfecta.

Sin duda, Metronomy es de los mejores actos de vivo que ha experimentado este país, la conexión única que tienen con México y la manera en la que interactuaron con nosotros y bromeaban lo confirmó. Para ellos venir aquí es tan placentero como para nosotros es verlos tocar y jammear en vivo. Más de dos veces se coreó “¡Metronomy!” a todo volumen e incluso un “Oleee, olé olé olé” tan fuerte como en los legendarios conciertos del Foro Sol de ya antaño.

Anna nos dio un fan service increíble al cantar “Everything Goes My Way”, Olugbenga y su bajo se fusionaron en uno mismo mientras bailaba con una energía contagiosa y la voz de Joe limpia pero emocionada lleno cada rincón del Pepsi Center. El momento clímax fue cuando tocaron su canción más conocida y quizás la más amada por fans (y los no tan conocedores): “The Look”, en una entrega completa de tanto la banda como el público, el momento más álgido del concierto tomó lugar.

Después de más de hora y media del concierto y un encore chidísimo, todos salimos exaltados y llenos de buenísimas vibras. Pocas veces el público se une tanto. Metronomy está en rumbo de convertirse en un clásico y su show, siempre imperdible.