Blackwater


Una marea de chamarras negras y racimos de melenas largas llegaron al venue después de las 8 de la noche para ver a Blackwater. Sobre el escenario, una batería y varios instrumentos parecían expectantes bajo el ojo icónico de Hipnosis y una luz lila deslumbrante… el headbang sería uno de los protagonistas de la noche, ¡oh, sí!

Fotos por Alexa Olán

Cerca de las 9 de la noche, el Foro Indie Rocks! comenzó a llenarse de voces y el movimiento sobre el escenario fue una especie de anuncio para la primera banda invitada: Mortemart, una banda originaria de Guadalajara que dio muestra de un rock anclado en la psicodelia que tiene una buena base de fans. La verdad es que sí traen una propuesta chida.

Después de una hora del primer acto, Electric Mountain, nos presentó un stoner clásico, lisérgico con riffs contundentes y batería pesada. En pocas palabras, una dosis de rock de buen calibre, ideal para romper la rutina cotidiana que en un momento, desató un mosh pit discreto y fugaz. Las guitarras contundentes y la voz rasposa del vocalista son prueba de que el rock no, no está muerto y que sigue encendiendo la escena musical nacional.

Blackwater

Uff! Si hay algo que decir de estas morras es que hacia falta una buena dosis de rock bien ejecutado, elegante y contundente. Ya les habíamos mostrado un poco del trabajo de Blackwater Holylight pero ver a cinco mujeres en el escenario es para estar ahí, presentes, querer que no se escape ningún detalle. Una sincronización desenfada, sin pretensiones. “Willow” fue el corte con el que arrancaron su presentación.

Y de ahí, una fuerza musical de puntos altos que se transitan la lucidez y algo más denso, como si fueran conjuros que funden psicodelia pesada fundida y ritmos bien estructurados de manera impecable. Una mezcla de placer musical y dulzura furiosa que nos ha regresado al menos por una noche, dejándonos una sensación de “misión cumplida”. Sabemos que sigue habiendo rock & girl power que todavía nos emociona un chingo.

Las Blackwater traen ese rush que se pega al cuerpo de forma seductora, voces envolventes contrastantes con una ejecución musical distorsionada y nebulosa que se agradece en estos de días de neurosis frenética y descontrolada que impera en esta querida Ciudad Monstruo.