Mujercitas

Gracias a la más reciente adaptación en el cine de Mujercitas (Little Women) podemos recordar un clásico de clásicos que muchas nos sabemos de memoria. Con actuaciones de Saoirse Ronan —Jo—, Emma Watson —Meg—, Florence Pugh —Amy—, Eliza Scanlen —Beth—, Laura Dern —Marmee— y Meryl Streep —tía March—, y dirigida por Greta Gerwig, esta nueva versión resulta sorprendentemente novedosa, gracias al giro que logra dar la directora. La estructura narrativa que maneja con saltos de tiempo a través de recuerdos resulta refrescante e innovadora.

Tristemente en muchos casos también resulta actual (a pesar del vestuario y época) por todas las situaciones que seguimos padeciendo las mujeres en un sistema patriarcal mundial. Para muestra, la frase del editor que publica la obra de Jo en el filme:

Hazla más corta y emocionante. Y si el personaje principal es una mujer, asegúrate que esté casada para el final, o muerta.

Casada o muerta, esas son nuestras únicas opciones de “final feliz” según ese hombre. Esta cita es la punta del iceberg de todos los temas que toca Mujercitas y de por qué es tan revolucionaria esta versión en particular. Seis nominaciones al Oscar no se dan nada más porque sí. Por eso decidimos hacer un análisis de esta obra y confirmar que lo necesaria que sigue siendo en pleno 2020. Pero vamos por partes.

Punto de partida

Mujercitas de Louisa May Alcott se publicó en 1868. Se trata de una novela de aprendizaje que gira entorno a las vidas de las hermanas Meg, Jo, Beth y Amy. La autora se basó en sus vivencias personales durante su infancia y juventud para plasmar esta historia, que tiene lugar durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Esto es importante, ya que por partir a la guerra, muchos hombres están ausentes, lo cual le da a las mujeres en papel principal en una época en la que no lo tenían.

Adaptaciones

Desde su primer tiraje, Mujercitas fue todo un éxito y se posicionó como un clásico. Esto provocó múltiples ediciones posteriores, así como secuelas escritas por la misma Luisa. Posteriormente, la novela fue adaptada al teatro (1912) por Marian De Forest. Por su parte, la escritora Geraldine Brooks escribió la novela March, basada en Mujercitas, en la cual explora algunos vaciós que dejó la obra de Alcott.

En el cine y tv es donde más adaptaciones ha tenido; la primera película salió en 1917, luego otra en 1918. Más adelante vinieron las de 1933, 1949, 1994 —una de las más recordadas por tener a Winona Ryder como Jo— y las más recientes en 2018 y 2019.

Vigencia y visibilidad

Mujercitas sigue vigente porque tristemente seguimos viviendo en un sistema patriarcal, en el que se espera que las mujeres nos apeguemos a ciertos roles, en el que seguimos siendo violadas, violentadas y asesinadas.

Sin embargo es gracias a mujeres como Luisa May Alcott que hemos ido cambiando esto. Cada vez tenemos más derechos y más presencia. Ella le dio voz  y esperanza a miles de mujeres; las adaptaciones de su obra en el teatro y en el cine le dan presencia a directoras y actoras, por eso sigue siendo una obra necesaria y revolucionaria.

Distintos feminisimos conviven bajo un mismo techo

Desde que salió el libro en 1868, se han múltiples versiones, traducciones, análisis… ¿Qué tiene Mujercitas que nos sigue cautivando más de 150 años después? ¿Por qué nos llega tanto?

Por muchísimos motivos: porque es un libro escrito por una mujer que habla de nosotras, de las mujeres, de nuestras inquietudes, de nuestras luchas —externas e internas—, de cómo nos enfrentamos a la vida y a las normas que la sociedad nos impuso. Y no sólo habla de estos temas, sino que lo hace tan bien que nos llegan al alma. Todas hemos sido en algún punto Amy, Jo, Beth, Meg, Marmee o la tía March (sí, también hemos sido ella).

En Mujercitas, las mujeres tenemos el rol principal: todas hemos sido Meg disfrutando un poco de frivolidad a la vez que cuestionamos nuestros principios; todas hemos sido Jo, sufriendo por la soledad y el miedo que implica ser fiel a nuestros principios; todas hemos sido Marmee, reprimiendo nuetras emociones y enojos; todas hemos sido tía March, creyendo que somos superiores y juzgando a los demás; todas hemos sido Amy, preocupadas por nuestros defectos y sientiendo que no somos suficiente; y todas hemos sido Beth, pues una parte de nosotras murió con ella cuando crecimos y perdimos nuestra inocencia.

Sólo porque mis sueños son diferentes a los tuyos, no significa que no son importantes.

En esto radica lo mágico de Mujercitas: en que nos plantea distintas formas de vivir y convivir como mujeres con valores distintos, prioridades que cambian según cada personaje. Y TODAS SON VÁLIDAS. Las mujeres de la familia March se pelean y se cuestionan entre ellas, a veces se envidian y tienen rivalidades fuertes —como la de Amy y Jo— pero se admiran, se respertan y, aunque no sea fácil ni rápido, siempre se reconcilian. Y eso, para mí, es la verdadera definición de sororidad.