Tiger Army

No es la primera vez que Tiger Army visita la CDMX, de hecho, pareciera que ya encontraron en El Plaza Condesa un hogar ideal para seguir reclutando individuos para su ejército. A pesar de que la banda está activa desde los noventa y ya llevo bastantes años de conocerlos, esta es la primera vez que tengo oportunidad de verlos en vivo y corroborar si vale la pena tanto alboroto.

Fotos por Nancy Mookiena

Nunca he sido muy supersticiosa que digamos, tal vez (como cualquiera) me espanto cuando un espejo se rompe frente a mí, pero nunca creería que los gatos o el número trece son de mala suerte. Un amigo dice que los embrujos (benignos o malignos) solo funcionan cuando todas las partes creen fervientemente en ellos, y esa noche estaba a punto de descubrir que nos deparaba el dichoso “hechizo de amor” de Nick 13  y su ejercito de felinos.

Una noche fría de invierno, fin de semana a full de festivales y conciertos y apenas pasan de las 8 de la noche, aún así el venue se mira bastante lleno y con un público muy emocionado. Puede ser que para muchos ya fuera su segunda, tercera, o hasta cuarta vez en un show de Tiger Army, pero se siente una vibra cálida cargada de entusiasmo, de ese que ya no se percibe en todos los eventos.

Al ritmo de “Prelude: Tercio de Muerte” (canción que da inicio a Retrofuture, su más reciente álbum) inicia la presentación. A mis costados puedo ver a un chavito de unos 10 años siendo cargado en hombros, unos cuates treintones con chela en mano y una pareja de morrillos enamorados que se vivieron todo el concierto entre beso y beso. Con más de 20 años de trayectoria, Tiger Army ya no conoce las brechas generacionales, es una agrupación que seduce en pasado, presente y futuro.

Nos hipnotizamos con el talento en el contrabajo de Djordje Stijepovic, practicamos nuestro spanglish junto a Nick 13 y nuestros sentidos se encendieron con la batería de Mike Fasano; Tiger Army es una banda que no necesita demasiado para ofrecer un show de primer nivel. Sin visuales ni fastuosa parafernalia, solo tres músicos disfrutando el momento y espectadores ansiosos, fieles y llenos de amor.

Después de hora y media me percato de que creí en el hechizo que simboliza Tiger Army y en efecto, he caído. Probablemente no sea la última vez que los vea, y (como buenos músicos extranjeros) se ve que ellos están enamorados de México. Aunque debo advertirles, ya sea que se den una vuelta por el mercado de Sonora o viajen hasta el mismísimo Catemaco, una vez que presencien este encantamiento será algo que los acompañe de por vida.