Esta película generó mucha expectativa desde la elección del elenco, hasta su estreno. Conocemos gracias a la perspectiva de Liz Kendall, quien fue su esposa, (Lily Collins) como era el asesino serial Ted Bundy (Zac Efron).

El filme empieza con un tono dramático que te atrapa, pero se va perdiendo poco a poco; sin embargo, se retoma al final. Llega un momento en que se el enfoque inicial se distorsiona y parece que Ted te está contando su versión de los hechos. O cómo lo hubiera hecho. Sabemos que era un tipo que disfrutaba la atención mediática, algo que Zac refleja muy bien y logra transmitir.

Si hay algo que resaltar la excelente actuación de Lily Collins. ¡EX-CE-LEN-TE! de inicio a fin, la acompañas a esa escala de emociones, desde que lo conoce hasta que lo enfrenta. Recordemos que todo lo vemos desde su perspectiva, y esto es algo que lo sabe llevar de principio a fin. Es algo que te puedes relacionar muy fácil, entras a una relación tóxica, pierdes partes tuyas y ganas otras.. te transformas y te recuperas.

De la actuación de Zac Efron podemos decir que este papel lo consolida como actor. Ya no es sólo un hombre que canta y tiene músculos. Aun así no pierde la postura de galán, (algo que también Ted Bundy usaba a su favor) y genera conflicto. No se puede romantizar a un asesino solo por su físico. Tal vez, ese detalle en la película queda un poco al aire y no me agradó por completo.

Algo a resaltar es que no genera morbo mostrando cómo fueron los asesinatos; recordemos que estamos viviendo la película desde como Liz lo vivió. En lo personal, es un gran punto a favor, ya que no se vuelve un thriller sangriento, que se queda en violencia física. Abarca muchos más espacios que “crees” conocer a simple vista y nos adentra al mundo psicológico de la culpa, el miedo, y el amor.