Miranda

La noche del sábado se acercaba y junto a ella un puñado de pop que se hacía notar en los alrededores del Gran Hotel de México, hoy conocido como el World Trade Center; desde atuendos queer hasta la música coreada previo al tan esperado show de Miranda en el Pepsi Center.

No he asistido a muchos conciertos en el Pepsi, lo que sí, es que la brecha generacional es evidente entre uno y otro. (Placebo, At the Drive In y Simple Minds), en esta ocasión puedo decir que fueron jóvenes del 2000, o sea, mayores de 20 pero con menos de 40, los ya famosos millenials, quienes crecimos con guitarras y sintetizadores pop a su máximo esplendor.

En México, por lo regular, cuando tenemos la cita de un concierto o un evento ponen unos 30 minutos de tolerancia debido a la impuntualidad o percances que puedan existir. Sin embargo, en este caso, los argentinos empezaron muy puntuales, a las 20:30 para ser exactos por lo que aunque el Pepsi ya se veía lleno, la gente seguía entrando en montones.

“Bailarina” fue la elegida para empezar, entre gritos y aplausos que recibieron a Alejandro Sergi, quien vestía el atuendo adecuado para la noche. Compuesto por un traje rosa pastel en su totalidad que hacía match con su cabello verde. Por otro lado, Juliana Gattas no pasó desapercibida con un vestido con grandes flores que combinaban a la perfección con su compañero, al contener los mismos colores complementados con guantes largos y unas plataformas más altas de lo normal. 

El ambiente queer y luces rojo intenso crearon el ambiente para recibir “Romix”, una balada que volvió la pista un baile de graduación para los que llevaban pareja, para lo que no, sólo nos balanceamos de un lado a otro al ritmo del blues.

Un par de canciones más me hicieron buscar un lugar junto a los baños en donde se encontraban algunos colegas y así recibir la canción “Perfecta”, o no tanto, para una chica acompañada de unas copas de más que comenzó a dedicársela al muchacho a su lado que tal parecía no le estaba correspondiendo. Cuando todo parecía perdido, el chico cedió plantándole un beso atascado, de esos que solo el alcohol puede crear.

De pronto, el show dio un giro y Miranda nos transportó a un escenario que comúnmente vemos en bares como la ya famosísima Pur”. Dragas en la pista acompañadas de luces láser comenzaron a corear “AU! (UAU), AU! (UAU)” en donde todos reconocimos “Yo Te Diré”.

El sudor ya comenzaba a humedecer la atmósfera y los hombres que se resistían un poco a gritar, lo hacían cada vez de forma más constante y aguda. 

El momento cúspide sucedió durante el encore, en donde los fans más allegados comenzaron a lanzar sus prendas, blusas de lentejuelas, chamarras con pines, playeras de la banda sirvieron como capas para los cantantes que se ponían una sobre otra hasta que el calor y el caminar ya no eran fácil. Regresaron a sus atuendos originales y la ropa seguía volando pero ahora en dirección contraria.

Como era de esperarse el hit, el más clásico, con el que todos conocimos a Miranda, “Don” fue la cereza en el pastel que tras dos horas de concierto dejó al público satisfecho y con tiempo para seguir disfrutando de la noche queer del sábado.