King Crimson

Ayer tocó ponernos finas y lanzarnos al Celebration Tour parar tripear con casi tres horas del progresivo más fino de todos, cortesía de King Crimson. La neta es que normalmente no nos arreglamos para ir a conciertos pero cuando se trata de celebrar 50 años de una banda de rock progresivo, toca bañarse. Además el Teatro Metropólitan por sí mismo invita a arreglarse un poco; es como la casa de una abuela fifí que no dice nada pero te barre con la mirada cuando llegas con jeans rotos y playera.

The rusted chains of prison moons
Are shattered by the sun
I walk a road, horizons change
The tournament’s begun

Fuera de broma, 50 años se dice fácil pero que un proyecto musical haya aguantado tanto, es de admirarse, más tratándose de un género tan poco comercial -o no, pues tienen previstas seis fechas entre D.F. y Guadalajara-. No por nada muchos apodan despectivamente al progresivo como snob rock. Y parece una definición mamona pero acertada, porque tratar de describir lo que hacen estos monstruos en el escenario es imposible, más bien toca escucharlos (y si no estás acostumbrado al progresivo, te pueden caer como un balde de agua fría). Alguna vez los catalogué de broma como “música clásica con guitarra eléctrica y distor” pero es mucho más que eso; hoy en día creo que definiría la música de King Crimson como “sublimación”.

The purple piper plays his tune,
The choir softly sings
Three lullabies in an ancient tongue,
For the Court of the Crimson King

Llegamos temprano y nos colocamos en medio de una de las escaleras con la entrada de frente para ver cómo se iba llenando el lugar. Como era de esperarse, el público fue una mezcla de generaciones: había desde niños y pubers hasta personas de la tercera edad, muchas parejas y familias, muchas matas largas, unos cuantos “jóvenes perdidos” que probablemente sólo habían escuchado “The Court of the Crimson King” y estaban ahí por el mame, y muchos uniformados con jeans y playeras de la banda -los que no tenían playera, se abarrotaban en los puestos de merch (oficial y pirata) para encajar-.

The keeper of the city keys
Put shutters on the dreams
I wait outside the pilgrim’s door
With insufficient schemes

A las 8:25 pm nos dirigimos a nuestros lugares porque King Crimson suele ser puntual, y así fue. 20:30 en punto – con tres imponentes baterías al frente del escenario- se escuchó una voz que te solicitaba amablemente no sacar tu celular (para que te evitaras la pena de que los de seguridad te invitaran a salir del recinto) hasta que la banda dijera que era el momento de la foto del recuerdo. Suena súper mamón esto pero estuvo chido desconectarse un rato y clavarnos en el momento, sin miles de pantallas de por medio.

The black queen chants the funeral march,
The cracked brass bells will ring;
To summon back the fire witch
To the Court of the Crimson King

La canción que inauguró el festejo de los 50 años del legendario disco In The Court of the Crimson King (1969) fue “Larks’ Tongues in Aspic, Part One”. Momento en el que Mel Collins nos recordó su presentación en el 2017 con su alusión al Himno Nacional en la flauta, aunque esta vez también agregó un cachito de “Tequila”. Le siguieron “Suitable Grounds For The Blues”, “Red” y “Epitaph”; la banda se prendió y muchos nos paramos de nuestros asientos para acompañar a los músicos y cantar con ellos.

The gardener plants an evergreen
Whilst trampling on a flower
I chase the wind of a prism ship
To taste the sweet and sour

Los siete virtuosos continuaron con “Larks’ Tongues in Aspic (Part II)”, “Cirkus” y “Frame by Frame” con una ejecución impecable y sublime. Si bien Robert Fripp es el único miembro de la alineación original que queda, no podemos decir que hay un líder o frontman como tal en esta agrupación. En este sentido King Crimson podría ser la definición de trabajo en equipo: todos se complementan a la perfección y se dan su espacio para brillar armoniosamente con escalas, progresiones, solos de batería(s), teclado, guitarra, sax, flauta y oboe.

The pattern juggler lifts his hand;
The orchestra begins
As slowly turns the grinding wheel
In the Court of the Crimson King

“Indiscipline” cerró la primera parte de esta celebración que nos dejó anonadadas pero a la que sentíamos que algo le faltaba. No fuimos las únicas. Platicando con otros asistentes, coincidimos que algo no terminaba de cuajar. Quizá fue la banda de morros que entraba y salía corriendo a cada rato para “alivianar sus oídos” con chela –se veían medio perdidos en el laberinto musical que es King Crimson-. Chance era la gente de seguridad que estuvo bastante fastidiosa pidiendo los boletos a cada rato y lampareando a los que osaban sacar el celular, quizá que los bajos se escuchaban pero no se sentían, quizá que teníamos muchas expectativas, que no tocaron “21st Century Schizoid Man”, o que ya sabíamos que iba a pasar pues esta presentación fue muy parecida a la del 2017…

On soft gray mornings widows cry
The wise men share a joke;
I run to grasp divining signs
To satisfy the hoax

Regresamos a nuestros asientos para la segunda parte del concierto con las primeras notas de “Radical Action”-su riff es uno de nuestros favoritos -, a la cual se siguieron “Meltdown” y “Level Five”. “Moonchild” fue una de las más aplaudidas y coreadas. Después le tocó el turno a “Island” y a “Easy Money”.

The yellow jester does not play
But gentle pulls the strings
And smiles as the puppets dance
In the Court of the Crimson King

“Starless” cerró de manera majestuosa gracias a la ejecución y a las luces que inundaron el teatro de rojo, y le dieron un gran toque a las estatuas de mármol que enmarcan el escenario. Los miembros de King Crimson salieron por unos momentos que nos sirvieron para recuperar el aliento. Regresaron para el esperado momento de la foto y para cerrar de forma brutal con “The Court of the Crimson King”.

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Nuestra conclusión: No photos, please. Sí larga vida a King Crimson.