Cornucopia de Björk es más que un concierto, es una experiencia que nos sumerge en la utopía proveniente de una mente maestra y sensible, un manifiesto de búsqueda matriarcal, alarma climática, un llamado de emergencia a imaginar un futuro y habitarlo.

Ante la crisis ambiental que estamos viviendo nada podría hacer más sentido.

Björk nos invita, durante 100 minutos a entrar en la narrativa de su sueño, a un mundo donde la naturaleza y la tecnología colaboran para crean un universo nuevo. Para ella el diseño de concierto más elaborado hasta el momento, con música original co producida con Arca, dirigido por la cineasta argentina, Lucrecia Martel y con visuales de Tobias Gremmler.

Escribamos música para nuestro destino

Entramos a la carpa en medio de los jardines del Parque Bicentenario, el lugar designado para realizar la magia, entre cantos de aves exóticas y sonidos de bichos que se escuchan por todo el espacio. Vemos que de a poco se va llenando el lugar, nos sentimos afortunadas de poder estar ahí –después de la polémica reacción respecto a los precios– listas para averiguar lo que vale esa experiencia.

Se ilumina un enorme telón con miles de hilos traslúcidos y se escucha un anuncio para todo el público:

“A petición de Björk por favor abstenerse de tomar fotografías o grabar”

Lo sabemos, ella siempre lo ha sabido es mejor disfrutar el show. Se arma una fila de hombres y mujeres, vestidos de blanco y con antifaces, es el coro Staccato de la UNAM, quienes se han sumado a las presentaciones en la Ciudad México, con una intervención breve de cantos sin lengua inauguran el escenario.

La voz de Björk se escucha, aún no la vemos, mientras ella es proyectada en morados, en gigante, en etérea. Es la proyección de “Family VR”, la cual nos acerca a la experiencia de realidad virtual, nos invita a comenzar el viaje, a ese lugar en donde todo puede ser sanado y reinventado por el sonido.

Por fin se abre el telón, comienza “Gate” y aparece Björk en lo alto de su propio paraíso, envuelta en holanes cual orquídea en flor, con plataformas, alto peinado y máscara.

Al fondo hay una pantalla y a los lados también. Se proyecta una especie de vortex y materia orgánica que danza, la naturaleza naciente y vibrante que nos acompañará todo el espectáculo.

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Bóveda Matriarcal

El escenario sale de un cuento, son cortezas de hongos gigantes sobre las que se encuentra el resto de la producción. Por un lado, en las percusiones Manu Delgado, al centro Viibra: Septeto de Flauta y del otro lado Bergur Pórisson haciendo la programación electrónica. Al frente una hermosa hada toca el arpa, es Katie Buckley.

La atmósfera es envolvente, un sonido inmersivo 360 que nos da todos los detalles de los instrumentos, los efectos y sobre todo la voz única de Björk. Podemos ver la respiración de la naturaleza al ritmo de las flautas, hilos dorados como medusas bailan y dan destellos al público mientras suena “Utopia” y “Arisenel”.

El ensamble cada vez es más notorio, vemos uno a uno el despliegue de todos los recursos. No podemos parpadear, no queremos perder detalle.

En “Show me forgiveness” Björk entra en una especie de capilla, un interior (realmente una cámara de reverberación), escuchamos tan solo su voz, la que no cambia, la que es perfecta.

Interpreta “Show me”, a continuación una versión atonal de “Venus as a Boy” que por más extraña que nos parezca, nos encanta. Estamos en su mundo y puede hacer lo que quiera, con “Claimstaker” nos regresamos a la atmósfera de perfección, todo fluye y entonces, un arreglo más; ahora reconocemos la canción y todos coreamos juntos “Isobel”.

Las hadas dominan el escenario, al igual que las flores proyectadas que abren y cierran, crecen y mueren para renacer.

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Es increíble cómo el septeto de flauta islandés no solo tocan una amplia gama de flautas con estilo y gran musicalidad, sino que también lo hacen mientras adoptan la elegante y compleja coreografía de Margrét Bjarnadóttir .

Estamos tan cerca que aún con máscara podemos verla reír, lo hace bailando y marcando el ritmo con un pie al frente. Después del frenesí, la calma, un sol recorre el escenario y escuchamos “Blissing Me” la voz y cuencos de agua que al igual que las imágenes se disuelven y regeneran: el liquido vital creando el sonido.

Gracias nos dice Björk.

El manifiesto

Todo lo hasta ahora vivido es resumido en un manifiesto proyectado: “tenemos que imaginar algo que no existe moldeado intencionalmente en el futuro, exigir un espacio para la esperanza 
y tejer una bóveda matriarcal”.

El manifiesto es el espectáculo mismo, la historia inventada que reclama acción.

Las sorpresas siguen y ahora vemos la flauta circular, esto es simbólico, la flautas unidas se curvan para formar un circulo, es necesaria la unión de cuatro personas para hacer funcionar el instrumento, son mujeres que se apoyan mutuamente.

Björk sube el escenario y al fondo, en proyección algo se incendia, es una masa que revienta al unísono con “Hidden Place” ella explota la voz e insiste con el pie.

En pocos minutos vuelve la ligereza y el vaivén de la utopía prometida, mientras suenan “Mouth’s Cradle” “Features Creatures” y “Courtship”, somos capaces de imaginar este nuevo mundo.

Un tambor marca el ritmo, con una voz energética Björk canta “Pagan Poetry” nos envuelve en inclusión y utopía. Al fondo hay dunas y luces como luciérnagas, mientras escuchamos “Losss”, con “Sue Me” todo es iluminado de rojo, al público nos alcanza. Aparecen especies mutantes, híbridos desconocidos de aves y plantas floreciendo en formas inesperadas mientras escuchamos “Tabula Rasa”, las formas mutan y brillan, algo crece desde el interior, una fuerza femenina que ya no para.

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Emergencia, imagina un futuro y habítalo

Todo se torna oscuro, se acerca el final, en pantalla aparece Greta Thunberg, activista climática de Suecia con tan solo 16 años, recordándonos que para salvar la tierra es urgente la acción:

“Se han quedado sin excusas y nos estamos quedando sin tiempo. Estoy aquí para decirles que el cambio está por venir, les guste o no. El verdadero poder pertenece al pueblo.” Es tan claro y directo el mensaje, hay aplausos y emoción.

A manera de encoré Björk regresa, transformada en una orquídea futurista que se convierte en un ser de luz mientras canta “Future Forever”. Cada vez más brillante rodeada de todas las mujeres nos llama a unirnos y celebrar, a bailar y cantar en el lugar de abundancia que ha construido. Mientras interpreta “Notget”, emocionados nos despedimos de Cornucopia. 

Abandónanos la utopía de Björk, impregnados por el mensaje de reinventarnos, soñar nuestro espacio ideal y crearlo. Nos retumba el llamado:

“Es una emergencia, para poder sobrevivir como especie, necesitamos definir nuestra utopía”

El arte como vehículo activo de transformación, para Björk por medio de la naturaleza y la tecnología, tejiendo una bóveda matriarcal a través de la música.