LETO

 Leto es un largometraje de horas horas inspirado en las memorias de Natalia Naumenko que se centra en la historia de tres jóvenes soviéticos, nadando contra corriente y haciendo rock en una sociedad tibia y en muchos casos asfixiante. El lente de Serebrennikov nos permite un acercamiento a la vida de Mike Naumenko (líder de la banda Zoopark) y su esposa Natasha (Natalia en la vida real) y un triángulo amoroso con Viktor Tsöi.

El verano es comúnmente retratado como un momento de sol, de calor y socialización pero para los amantes del rock y la nostalgia, las temporadas lluviosas presentan una excelente oportunidad para echar un ojo al retrovisor y recordar lo que está casi olvidado. La nueva película de Kirill Serebrennikov es una bocanada de aire fresco para los amantes del rock y la música nostálgica.

Es un excelente trabajo visual, mezclado con elementos musicales que realzan la película y le dan color a la imagen en blanco y negro. Me atrevo a decir que es una película de realismo mágico, en la que la realidad y biografía de los personajes y la ficción no tienen límites claros.

Con humor, aparece un personaje sin nombre que rompe la cuarta pared varias veces en la película y corta completamente con la frase “Esto nunca sucedió”, provocando una sensación como la que ocasiona Brecht en el teatro a través de su efecto de alienación. Es cínico pero sensato, es divertido y el humor ácido de Serebrennikov sale a la luz en toda la película, aún cuando tuvo restricciones para dirigirla debido a su arresto domiciliario.

Poliamor real

“Leto” es un crisol de emociones y temas que se van desenvolviendo poco a poco. Vemos una historia de triángulo amoroso, que sin los cansados clichés de Hollywood, se vuelve una revista cruda a lo que es en realidad el poliamor. Por fin, las personas involucradas no son retratadas con estigmas polarizados del villano y el héroe.

Nos hace entender en verdad como Mike, Viktor y Natasha no eran rockeros sólo en el escenario, sino que en su día a día se vivían libres, se vivían en un cosmos completamente antitético a lo que la URSS de los tempranos 80s les ofrecía.

Al ver la película comprendí algo que quizás no era intencional pero que sin duda terminé relacionando. Quizás el desenamoramiento de Natasha de su esposo Mike es una analogía de los jóvenes de la URSS que se estaban desenamorando de los valores del este para caer por la fiebre de lo occidental, de lo nuevo y lo retador, que en este caso es encarnado por Viktor Tsoi (Teo Yoo).

Mike Naumenko, interpretado por el actor Roma Zver, es el vocalista de la banda Zoopark. El personaje es misterioso, con un semblante calmado y siempre seguro de sus decisiones. Es imposible no ver en la película y su música la inspiración lírica y vocal de artistas al estilo Bob Dylan, pero también tiene esa magia seria y coqueta de un Serge Gainsbourg ruso que es enigmático pero resulta siempre noble.

Natasha en cambio es una madre noble, que vive fascinada por la cultura del rock y el punk pero siempre con su presencia maternal y tierna. Viktor en cambio es un artista que vende LPs de Lou Reed y Bowie de contrabando, de personalidad contemplativa y con arranques poéticos.

Es imposible no terminar queriendo a cada uno de nuestros protagonistas, pues rebasan el aburrido guionismo al que nos hemos acostumbrado en el cine comercial donde las estrellas de rock y figuras públicas son personajes bidimensionales.

Leto no es para aquéllos cinéfilos en busca de entretenimiento fácil. Si bien tiene sus momentos brillantes, es un filme más bien se cocina a fuego lento y logra envolvernos en una especie de trance que hacia el final del largometraje es difícil salir de él.

La diferencia clave entre Leto y otras del rock americano como Almost Famous es el puro estilo y personalidad de la Unión Soviética. Vemos el lado del rock más templado, más pensado y con menos pose. El soundtrack es excelente y la cámara lo es aún más. El rock de la pre-Perestroika así como sus personajes, son puros y honestos.

Eso fue lo que me atrajo inicialmente en esta historia: su inocencia y pureza. Mi generación recuerda la energía de la Perestroïka, ese periodo temporal inmediatamente posterior a nuestra película. Pero en realidad no sabemos nada sobre la generación que nos precedió y su don natural para la rebelión, su fuego interior. – Kirill Serebrennikov 

Una época de la historia que quedó borrada, donde los “héroes” del rock soviético no son mencionados en este mundo occidental. En momentos, la película que es tibia, en ocasiones estalla en periodos de catarsis, acompañados siempre de nuestro narrador que elimina la cuarta pared y nos ve directo a los ojos.

Un Leningrado de los 80s, desconocido para el público mexicano abre sus puertas a nosotros lentamente, así como lo hace Leto, con conciertos de rock donde los asistentes están sentados y las figuras públicas viven en condominios cohabitacionales.