X-Men

X-Men: Dark Phoenix, la última entrega de la saga fílmica de X-Men llegó a los cines y en lugar de ser el broche de oro, la cinta es decepcionante.

En este filme los X-Men deben enfrentar a uno de los suyos: Jean Grey, quien en una misión espacial es golpeada por una fuerza cósmica que la vuelve más poderosa e inestable que nunca. Jean tendrá que luchar contra esa fuerza interna y tratar de dominarla.

Mientras tanto, un grupo de alienígenas, que desea conquistar la Tierra y que busca la fuerza que posee Jean, trata de convencerla de que los ayude y se vuelva lo que está destinada a ser: la criatura más poderosa del universo, capaz de crear vida y destruirla.

La cinta tiene varios problemas, en primer lugar, el guion presenta inconsistencias y es absurdo. En un primer momento, Jean se deja dominar por la fuerza y pone en peligro las relaciones y la vida de los miembros de los X-Men. Sin embargo, posteriormente, la perdonan e intentan protegerla porque le mintieron y su infancia estuvo marcada por un suceso trágico. En ningún momento se siente una justificación real de este cambio.

El personaje de Jean Grey crea más problemas de los que soluciona y al final resulta una mártir y la gran heroína. Jean no conmueve en lo absoluto y hasta es molesta. Sophie Turner (Juego de Tronos) no fue capaz de crear un personaje que conecte con el público.

Por otro lado, James McAvoy (Fragmentado), en el papel del profesor Charles Xavier, comienza como un personaje prepotente y arrogante, seguro de que todo lo que ha hecho ha sido por el bien de los mutantes. Esto provoca que se creen tensiones al interior de los X-Men. Después, pide una disculpa y todos lo perdonan mágicamente.

El problema con los cambios drásticos que viven tanto Jean Grey como el profesor X es que no son creíbles y se ven forzados.

Jessica Chastain (Historias cruzadas) interpreta a la villana de este filme: una alienígena que se apropia del cuerpo de una humana para convencer a Jean de que utilice su fuerza para ayudarlos.

No obstante, nunca hay una explicación de quién es el personaje a quien le roban el cuerpo, aunque no sea relevante, por qué llegan a su casa los alienígenas. Más bien, juegan a ser el pretexto para que los X-Men resuelvan sus diferencias internas, crezcan y evolucionen hacia una nueva era. Demasiado forzado.

La historia y los personajes poco desarrollados y que carecen de carisma y encanto, sin duda, son los dos aspectos que hacen del filme un verdadero fracaso.

En Avengers: Endgame agradecimos el momento femenino de la cinta, pues aportó emotividad y fuerza. Esta película intentó hacer lo mismo, con un diálogo de Raven, personaje interpretado por Jennifer Lawrence (Los juegos del hambre), en donde le dice al profesor Xavier que las mujeres han salvado más a los hombres y que debería considerar cambiar el nombre a X-Women. Una escena metida sin motivo, que trata de ser seria y venir de un reclamo real pero que sólo provoca risa.

Es decepcionante que una cinta de esta naturaleza ponga fin a una saga de 19 años. Y lo es más, porque en el reparto aparecen excelentes actores, que ni dando lo mejor de ellos, pudieron salvar el filme.