Si escribiera desde las palabras de Ali Barter…

Fotografía 📷: Junkee

Además de la disparidad entre las manecillas, los 13,554 kilómetros que separan a la Ciudad de México de Melbourne pueden causar interferencias en las líneas telefónicas. Mi llamada con el equipo de CHIDASMX no fue la excepción. Pasaron al menos 15 minutos para que Ana (una de las colaboradoras) y yo pudiéramos comunicarnos. ¡Cuánta razón tiene Björk al decir que siempre hay problemas con los teléfonos celulares! 

Después de una disculpa por las fallas técnicas, Ana me saluda y dice que mi acento -por zona geográfica, similar al de Meg Mac y Celia Parvey (a.k.a Vera Blue)-, tono de voz y estilo le recuerdan Florrie y Ashley Armitage, una de sus fotógrafas favoritas. 

Las entrevistas a distancia siempre me causan mucha curiosidad. Difícilmente asocio la voz con los rasgos físicos. Sin embargo, la pregunta de “¿Cómo te ayudó la música a soportar una edad tan conflictiva?” me hace pensar en que al otro lado del mundo se encuentra una mujer que atraviesa por la tediosa década de los 20. 

No es que subestime los factores que me hicieron escribir “Tokyo” y “Delilah”, pero sin duda, la transición a la vida adulta es difícil. Rompes con ideas con las que fuiste educada familiar y socialmente y te enfrentas a decisiones que guían la persona que quieres (o piensas) ser.  

A pesar de que crecí bajo una influencia musical diversa -pistas de Patsy Cline en el repertorio de mi madre, Louis Armstrong en la colección de vinilos de mi padre y carátulas de Madonna por toda la casa- y de la inspiración de mujeres talentosas (agradezco mucho a Cat Power) que me motivaron a escribir mis primeras canciones (por ejemplo “Foreing Concepts”), no tenía claro lo que quería hacer después de la formación católica que recibí en Nueva Guinea. 

Al momento en el que las universidades publicaron sus convocatorias no sabía qué carrera elegir, así que conseguí un empleo de tiempo completo en una cafetería. Sin demeritar las decisiones que había tomado, mis amigas -con quienes compartí muchos años en el Australian Girls Choir- me platicaron de las ventajas que ofrecían sellos como Ronnie/MGM a los artistas independientes: tiempo y libertad.

Motivada por lo que ocurría en la industria -recuerdo la nominación de Kylie Minogue como mejor artista femenina de los MTV Europe Music Awards (EMAs) y el éxito de Sia con Colour The Small One (2005) y We Are Born (2010)-  opté por el pop como la vía para sobrellevar el primer lustro de los 20.

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A pesar de los cortes en la línea, Ana me cuenta de la charla que tuvo con Kimbra hace algunas semanas: “No tiene ningún inconveniente con que los temas de Primal Heart (2018) sean catalogados como una docena de metáforas del amor y vulnerabilidad y melodías pop. Considera que su lenguaje tiene el mismo potencial que otros géneros”. 

Al igual que Kimbra (de quien admiro letras como “Just Like They Do on the TV” y “The Build Up”) creo que uno de los mayores errores de la industria musical es la descalificación de facto hacia el pop, ya que escribir e interpretar desde este género (no siempre) se hace desde una simple lógica de ‘primero el producto y la venta de la imagen y, si se puede, alguno que otro arreglo’. 

El pop no sólo son canciones pegajosas o escuchar la misma canción en todos lados. Algunas artistas buscamos que las personas se identifiquen con lo que escribimos y expresamos en los escenarios. Quien piensa de ese modo, supongo que lo hace desde el mero acto de escuchar y ya.

¡Sonríe, princesa! Es lo mejor para el negocio

Conforme avanza la entrevista, identifico otras preguntas que me permiten rescatar el papel de las mujeres. Como bien lo han expresado algunas artistas (me vienen a la mente Alice Bag, Lia Ices, Mitski y Plastic Parvati), no se trata únicamente de tener una mayor participación femenina en los festivales o en las nominaciones, también es cuestión de que hablen de música. 

Si bien no me puse a pensar sobre esto durante mi juventud -pues creía que estábamos representadas por la diversidad de los artículos de Madonna en Rolling Stone-, considero que gran parte del desprecio hacia el trabajo de las artistas pop se debe a que- como lo escribí hace dos años en Junkee- son los hombres quienes tienen el privilegio de hablar de nosotras desde una visión que solamente se asemeja a lo que deberíamos ser en la música: las musas de grandes compositores y las groupies. Es decir, siempre en una segunda categoría.

Desde el punto de vista de Ana y mío, algo muy conveniente para preservar la rentabilidad de la idea de que “las mujeres sólo nos dedicamos al pop porque no podemos alcanzar el potencial de otros géneros”.

Aunque no escribo bajo una visión (propiamente) feminista, pienso que mis canciones se unen a la labor de “Im Not Your Mother, Im Not Your Bitch” de Courtney Barnett. Para mí, eso es ser inclusiva dentro de la música. Ana considera que los versos de “Girlie Bits” son un guiño a Lesley Sue Goldstein (Brooklyn, 1946) y una conversación paralela al “no soy sólo mi cuerpo, soy alguien” de las Dream Wife. 

La narrativa que nos han contado desde pequeñas

Previo a escribir los cuatro temas de Community (2014), aproveché el ascenso de Spotify (en ese entonces con un total de 40 millones de usuarios) y agrupé a PJ Harvey, Kate Bush, Joni Mitchell y Erykah Badu en una lista de reproducción. 

El proyecto de THE HISTORY GRRRLS tuvo como punto de partida mi formación académica. Hace algunos años tomé una clase de historia de la música del siglo XX. Puedo recordar todas las veces en las que escuché “Jimi Hendrix fue un maestro” (por supuesto, eso nadie lo pone en duda), pero no tengo presentes ocasiones en las que se hablara del legado de la Bruja Cósmica o Grace Slick. 

Supongo que si alguno de mis compañeros leyera esta entrevista trataría de darme la vuelta con “sí se habló de ellas” y claro que se hizo, pero siempre bajo el eje narrativo de los documentales sobre Christa Pffägen (Nico): encarnaciones románticas de impulsos suicidas con finales trágicos causados por las drogas y el alcoholismo. 

No podía entender cómo hablábamos de evolución si cada vez que volteaba a ver al profesor, jamás mencionaba a alguna mujer desde una evaluación positiva. Quería que se callara. Las mujeres nunca han sido discutidas equitativamente. Estaba mal y sabía que tenía que hacer algo.

Además de rescatar canciones que forman parte de la biografía musical de generaciones más jóvenes (por ejemplo “Rebel Girl”, “Criminal” y “Typical Girls”), identifiqué cuáles de mis canciones podrían ser significativas para la lista. Elegí “One Foot In”, “Cigarette”, “Girlie Bits” y “Please Stay”. 

A medida de que los temas de A Suitable Girl (2017) me presentaron como la protagonista de la obra de Vikram Seth, tuve la necesidad de compartir fotografías con un abstract de la trayectoria musical de mujeres a las que admiro: Sinéad O’ Connor, Amy Winehouse, Sade Adu, Stevie Nicks, Carole King, K.D. Lang, Britney Spears, Edith Piaf y Annie Lennox.  

Al finalizar mi respuesta, Ana dice que su lista de reproducción (WMNNNN!) se sustenta bajo el mismo argumento: “Aunque la situación ha mejorado, la narrativa de los libros y los portales de música continúa con el privilegio a los hombres, ya sea como críticos, periodista o intérpretes”.

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Sin pensar en algo más que “porque me divirtió mucho tocar esas canciones en tonos altos”, la charla con Ana está por terminar y antes de que le cuente lo que inspiró la letra de “UR A PIECE OF SHIT” y el repertorio de las Spice Girls, Rihanna, Florence and The Machine y Rose Bruce (BFF4LF) en mi perfil de Spotify, me hace guardar silencio por algunos segundos. 

“Para A Suitable Girl trabajaste con Bertie Blackman y Adalita. Si en el futuro pudieras colaborar con tres mujeres, ¿Quiénes serían y por qué?” Sé que la interrogante me es más fácil, pues en realidad sólo me pide dos nombres (de facto sabe que una de ellas sería Charlyn Marie Marshall). 

Hago memoria de las fotos que tengo en Instagram, las portadas de las revistas que leí durante mi adolescencia y trato de dar un salto a quienes me inspiraron durante la etapa más difícil de mi vida. Respondo Sia y Courtney Love. 

Las historias de Sia siempre me remiten a lo que ocurre a Australia. La voz de Courtney me regresa a las tardes en compañía de mis mejores amigas. Puedo decir que nuestra historia se resume en la cantidad de veces que coreamos “Malibu”. 

Aunque el título sugiera lo contrario, “UR A PIECE OF SHIT” es una dedicatoria especial a mis amigas. Traté de hacer una fusión entre la música y la amistad. Para mí, ambas son eso: La gente y los momentos que están detrás de los títulos y las melodías.