Para mí hacer la cobertura de este concierto fue muy especial; a Chromeo los conocí en la prepa y fue el primer grupo del que me declaré fan. No habían regresado desde 2014, estuvieron en un House of Vans presentando White Women, probablemente su álbum más conocido. Ahí también fui, pero no escribí sobre ello, por eso esta nota me emociona tanto.

FOTOS POR ANGÉLICA RINCÓN

Estaba llegando al Plaza Condesa cuando una amiga se acercó a saludarme, con ella fui la vez pasada a verlos y ahora fue coincidencia encontrarnos. Platicando, hablamos sobre como sí nos gustaban mucho pero que justo al último material como que ni le habíamos hecho caso.

Entramos a las 8:20, Midnight Generation ya había comenzado. Los regiomontanos comenzaron a juntar al público al frente, la cerveza tibia entretenía a algunos que se amontonaron en los espacios donde se vendían. El público empezaba a moverse al ritmo de la música. Cuando terminaron, el venue todavía no se llenaba. 

A las 9:15 las luces se apagaron, en la pantalla del escenario apareció la imagen icónica de Chromeo, la gente comenzó a gritar. De fondo a todo volumen suenan guitarrazos y sintetizadores, Dave-1 y P-Thugg salieron animados, vuelven a apagarse las luces.

“Come alive” comienza, la gente grita y corea, salta, baila, nos volvemos locos, quiero llorar. Siguieron con “Don’t Sleep”, “Bonafied Lovin” y “Something good”. Los visuales aludieron al arte de videoclips ochenteros: labios, carros, detalles metálicos y eléctricos, colores chillantes y movimientos sutiles los acompañaron a lo largo de la hora y media que tocaron sin parar y sin descanso.

Entre canciones Dave-1 nos saludaba, agradeció que fuéramos a verlos en lunes, y nos decía “On tas” (güey, súper sí le pago el Uber).

Repasamos sus canciones de arriba a abajo. “Juice” llenó de alegría el lugar y después pasamos a los inicios con “Night by Night” y “Tenderoni”. Chromeo bromea entre sí, se ponen frente a frente tocando las guitarras metálicas, un rayo de luz se va directo a ellas y  destellan el lugar; ensayan pequeños pasos de baile. En total tocaron 20 canciones. Buscaron interactuar con el público e hicieron siempre de su presentación un show divertido y dinámico.

Con “Room Service” se despidieron por primera vez, salieron del escenario sin decir mucho y se perdieron en la oscuridad. Todos gritábamos “Chrome-o-oh” una y otra vez (ya pásenme todos los gritos de conciertos que conozcan, por fa).

Regresaron y agradecieron la energía y el amor que todos tuvimos. “One Track Mind” comenzó y se despidieron con “Sexy Socialite”. Los coros hechos por los asistentes resonaban en el lugar, la gente brincaba con los brazos extendidos, cantábamos con ellos.

El concierto acabó, el sudor se veía en las caras de todos; la gente terminó cansada de tanto bailar y salieron animados del venue. Fue sin duda todo lo que esperábamos y más, Chromeo superó las expectativas de lo bien producido que estuvo: las luces, el sonido, todo bien. Lo único malo fueron las chelas tibias.