El Centro Cultural Macario Matus nos recibió con garnachas y mezcal, mientras cotorreábamos en el pequeño cuarto lleno de flores, café y vida. Se respiraba la huella cultural del Istmo en ese lugar; un breve espacio detrás de Tlatelolco, con la carga sentimental de muchos años de lucha y voces oaxaqueñas reluciendo como estrella en la colonia de Peralvillo.

Esperamos una media hora cuando apareció Valgur, compuesto por los hermanos Elizabeth y Hugo Valdivieso junto con Julio Sánchez. La agrupación se destaca por ser una ensalada de diferentes culturas. Su raíz es sin duda su ascendencia zapoteca. Son una ventana al Juchitán del pasado, presente y sobretodo del futuro. Una especie de proto-Juchitán futurista que no olvida su pasado.

Con sonrisas tímidas se sentaron, prepararon las bocinas y todos atentos escuchamos por primera vez Zapandú, su nuevo material LP (Y el primero disponible en diferentes plataformas de música).  Empezó “Rogelia “y mientras Valgur con sus miradas letárgicas y atuendos ponquetos volteaban a ver el piso, el resto de nosotros movíamos los pies al ritmo de sus fascinantes bajos, sin poder evitar esgrimir una sonrisa ante lo que estábamos escuchando. Entre canción y canción emergieron aplausos y chiflidos (de los buenos).

 

Los coros de tinte ochenteros, sintes que empoderan, las canciones invadieron el cuarto y lo llenaron de luz. El olor a garnacha con el tufo del mezcal volvieron el descubrimiento del disco algo completamente sensorial. En silencio escuchamos track por track la magia de Valgur en acción. Entre canción y canción hay preludios que nos localizan geográficamente en Juchitán, la tierra de donde Valgur proviene. Pequeños extractos de audio y voces nos hacen viajar a Oaxaca.

De pronto, emergió la canción culminante del álbum: “El Pozo”, una canción que nos recuerda a “No es serio este cementerio” convergiendo con la devastadora realidad de nuestro país: los feminicidios. Mientras el beat nos invadía, también llegó una tristeza profunda que nos recordaba la herida abierta que vivimos.

Cuando acabó el disco aplaudimos por un minuto. Julió dijo “Y eso es todo.” de una manera modesta y tímida como si no hubiéramos escuchado una explosión de sonidos y vida llena de brillantez. Después convivimos con ellos. Algunos fans los elogiaron y surgió una ronda de preguntas. Eli Valdivieso nos contó sobre las inspiraciones para el álbum:

Durante años lo único que hicimos mientras éramos roomies era comprar álbumes de 10 pesos en la Lagunilla y escuchábamos por horas música. En especial, una de las grandes influencias del disco fue el Celebration de Kool and The Gang que era el único disco que tuvimos por un buen rato, también nos inspiramos bastante en artistas como Torre Fuerte, Shakatak, Yunko Yagami, Tatsuro Yamashita.

El disco está hecho con mucho amor y dedicación, pues ellos se encargaron de casi toda la producción. Se grabó en su estudio casero en Juchitán. Guillermo Mandrafina fue el encargado de mezclarlo y se masterizo en Nashville por Ryan Smith de Sterlin Sound.

En Zapandú el new wave, synth pop, unos aires de funk y la kaleidoscópica esencia de México se unen para crear uno de los álbumes más interesantes del 2019; todas las épocas y lugares místicos del país se convocan y fusionan en el nuevo disco de Valgur. ¿Su objetivo? Quizás darle luz a lugares que ya no la tienen, proponer un Juchitán lejos de la muerte y asesinatos y al mismo tiempo recordarle al mundo lo que está sucediendo en el mundo. Como dijo Elizabeth: Oaxaca no solo son las flores, los trajes tradicionales y los colores, también es la profunda ola de violencia y el narco.

El álbum representa a México con la famosa máxima: “Jodidos pero contentos”. Valgur hace la valiente tarea de hablar por los que ya no están, por los que fueron arrebatados violentamente de este mundo. Dentro de lo tenebroso que es nuestro país, todavía hay luz y es de colores. “Zapandú” invoca a los espíritus que hemos dejado atrás para celebrarlos con alegría pero también exponiendo las injusticias del día al día. Las letras son oscuras, escuchamos sobre “los malos recovecos”, “las sombras en la oscuridad” y el “pozo”.  Julio Sánchez, integrante de la banda, describe el disco como uno que habla “de cosas feas”. Este disco tiene mucho que ofrecer dentro de sus variantes agridulces, es una vertiente de la dualidad mexicana resumida en tan sólo 45 minutos.

No se había escuchado este tipo de pop en México desde el fenómeno efímero que fue Pau y sus Amigos con “Fiesta Permanente”. El pop que trae Valgur a la mesa es uno variado que toma inspiraciones de los teclados del disco, los bajos típicos de los 80’s y muchas otras cosas, incluso se podría catalogar como Goth pop. Es uno de los proyectos más interesantes, que acoplan bastantes variantes de su cultura, incluyendo la lengua zapoteca y la proyectan al México posmoderno. 

El 8 de marzo se liberará el disco entero en diversas plataformas como Spotify. Nuestro pronóstico: les volará la cabeza a cualquiera que lo escuche.