¿Qué pasaría si tu hijo fuera un impostor? Sobre eso trata la película irlandesa El bosque maldito de Lee Cronin (Ghost Train). Esta cinta aborda el género del terror de una forma psicológica, más que desde ambientes o situaciones.

Sarah y su pequeño hijo Chris se mudan a una casa en medio del bosque para comenzar una nueva vida. Un día, después de una discusión, el niño se adentra a la espesura y su madre corre tras él. Ambos descubren un gran hoyo en medio de los árboles, que parece tener una fuerza sobrenatural y oscura.

La noche siguiente el niño desaparece y su madre, desesperada, lo busca en el bosque. Cuando por fin lo encuentra nota algo extraño en él. Con el paso de los días, Sarah descubrirá que el comportamiento de Chris es diferente y que puede ser un impostor.

La cinta tiene aciertos visuales. La fotografía envuelve al espectador en un ambiente tenebroso y lúgubre. Las actuaciones también son un punto a favor. Seána Kerslake, como Sarah, encarna a una madre que busca salir adelante sola y que poco a poco desarrolla inseguridad y miedo por su hijo. James Quinn Markey interpreta a la perfección a Chris, un niño que empieza siendo tímido y reservado y que se transforma en un ser diabólico.

No obstante, los dos aspectos anteriores no salvan el filme. El guion es totalmente predecible, lo que provoca que la película dé más risa que miedo. Además, generalmente las cintas de terror funcionan porque no se ve el objeto que asusta y sólo hay vistazos. En este filme sí se muestran las criaturas tenebrosas, lo que le resta suspenso a la trama.

El bosque maldito no es una buena apuesta en el cine de terror. Si bien tiene puntos interesantes, estos no logran salvarla de ser una cinta predecible, ridícula y llena de lugares comúnes.