Agnès Varda fue la primera directora de cine en ganar un Óscar honorífico en 2017. Eso la llenó de orgullo, pues siempre motivó a las mujeres a estudiar, prepararse y, por qué no, a hacer cine.

Una de sus frases célebres, citada por ella misma, fue cuando hizo un llamado a las mujeres y dijo “salgan de las cocinas, de sus casas, consigan las herramientas para hacer películas”.

La cineasta nacida en Bélgica en 1928 falleció el 29 de marzo del presente año en su casa en París. Tenía 90 años y alrededor de 15 largometrajes en los que la figura de la mujer es fundamental.

Al igual que sus contemporáneos, Varda no sólo se dedicó al cine, fue una artista multidisciplinar. Trabajó como fotógrafa, lo que le ayudó en la realización de sus películas a captar aspectos que no cualquiera veía. Además, se desenvolvió como profesora.

Nueva Ola

Varda perteneció a la Nueva Ola, un grupo de cineastas surgido en Francia a finales de la década de 1950. Estos directores reaccionaron contra las estructuras del cine francés tradicional y se destacaron por defender la libertad de expresión y técnica en la producción fílmica.

Los representantes de este cine se caracterizaron por: poseer un bagaje cultural cinematográfico amplio; ser verdaderos cinéfilos, por lo que sus películas están llenas de referencias; contar con preparación teórica y deseo de renovar el cine. Además, en sus cintas explotan temas como la condición humana y consideran al cine una forma de autoconocimiento personal.

Obra: un lugar de y para las mujeres

Dentro de la obra fílmica de Agnès Varda destaca Cleo de 5 a 7 (1962). En esta cinta la protagonista, Cleo, es una joven cantante que espera los resultados de unas pruebas médicas. Una adivina le dice que tiene cáncer, por lo que Cleo reflexiona sobre la muerte (y la vida) a partir de las personas que conoce y las situaciones que vive.

En Las criaturas (1966), Varda explora el género de la ficción a través de una cinta que trata sobre un novelista y su esposa, quienes tras un accidente se mudan a la playa. Él decide escribir una novela sobre el lugar.

Una canta, la otra no (1977) cuenta la historia de dos amigas a través de la lucha de las mujeres por la legalización de la anticoncepción y el aborto. Por otro lado, en Sin techo ni ley (1985), que ganó el León de Oro en el Festival de Venecia, retrata el individualismo y la confusión de la nueva juventud, a través de la historia de una joven vagabunda encontrada muerta durante un frío invierno.

En sus trabajos documentales destacan Los espigadores y la espigadora (2000), en el que la directora retrata la vida de gente que cosecha o recolecta comida, nimiedades y hasta relaciones personales. Por otro lado Rostros y Lugares (2017) es un trabajo en el que Varda y el artista urbano JR captan caras y lugares que, por ser únicos, especiales y peculiares, quedan en la memoria de los espectadores.