La 16a edición del Festival Internacional de Cine Judío en México (FICJM) presentó, dentro de su muestra, la cinta Pinsky. La película es una de las dos comedias presentes en el festival y es la ópera prima de la directora Amanda Lundquist.

La historia se centra en Sofía Pinsky (Rebecca Karpovsky), una mujer con una vida adulta promedio: un trabajo, un departamento y una pareja. Todo parece estar en orden hasta que su novia la abandona y se entera de la muerte de su abuelo, el único de sus familiares que realmente la quería.

Esos eventos desencadenan en Sofía una crisis emocional, por lo que su abuela la convence de regresar al seno familiar. Sin embargo, se da cuenta de que todo es un plan para emparejarla con Trevor, un amigo de la infancia. A Sofía no le gustan los hombres, por lo que el plan no tiene éxito, pero su abuela no lo acepta.

En medio del drama familiar, Sofía encuentra nuevos amigos. Personas peculiares, como ella, en quienes deberá apoyarse para atravesar la crisis por la que pasa. Mientras tanto tendrá que tratar de llevarse mejor con su familia y, sobre todo, con su abuela.

El filme tiene secuencias divertidas, pues la historia está contada de manera exagerada. Sin embargo, esa misma situación provoca que, por momentos, la cinta parezca ridícula y los personajes se vean sobreactuados.

La temática del festival gira en torno a la migración. En Pinsky este fenómeno está presente. La familia de Sofía es de origen ruso, por lo que son judíos ruso-americanos viviendo en Boston, Estados Unidos.

De esta manera resulta interesante cómo convergen distintas culturas y formas de pensar, no sólo en un país, sino en una misma familia. Por un lado una abuela tan tradicionalista y estricta, la gran matriarca. Por otro lado, Sofía, una mujer moderna, que busca ser respetada y querida tal como es.