Tsunami es una antología recién salida del horno (se terminó de imprimir en noviembre de 2018), cuyos textos tratan el feminismo desde distintas plumas y perspectivas.

Brenda Lozano, Cristina Rivera de la Garza, Daniela Rea, Diana J. Torres, Gabriela Jauregui, Jimena González, Margo Glantz, Sara Uribe, Verónica Gerber, Vivian Abenshushan, Yasnaya Elena A. Gil y Yolanda Segura.

Doce mujeres, desde distintos lugares, edades y orígenes, nos comparten su visión acerca de lo femenino, de ser mujer, de la violencia que recibimos, etc. Para conocer cómo es que surgió esta colección, entrevistamos a Gabriela Jauregui, ya que ella participó como editora de la antología y autora de uno de los cuentos. También aprovechamos para conocerla un poco 😉

¿Cuándo empezaste a escribir?, ¿cómo supiste que eso es lo que querías hacer?

A ver, de niña quería ser astronauta. Luego me tocó ver cuando explotó el Challenger, una nave que iba llena de astronautas. Me acuerdo de llorar y de sufrirlo como una tragedia, de niña chiquita, pero tragedia. Ahí dije, “creo que esto es demasiado riesgo” (risas). Más adelante gané un concurso de escritura de un montón de escuelas y partes del mundo, de esos que te dan el inicio de un cuento y lo tienen que terminar. Eso fue tan bonito y me dije que igual por ahí iba la onda. Además siempre me ha gustado mucho leer.

Mi abuela era una lectora ávida, al igual que mi mamá. Entonces, algo con libro ya me venía por ahí. A veces leía tanto que me castigaban sin leer. Va a sonar cursi, o como anuncio de librería, pero la herencia más rica que me dieron mi abuela y mi mamá fue el amor a los libros y a la escritura. Y creo que la semilla de querer ser escritora también viene de ahí.

¿Cuál es una buena forma de entrarle a la lectura si no creciste en un ambiente que te lo fomentara desde la infancia? Y más por ejemplo a la poesía, que se me hace un género difícil.

Siento que a la gente que no tiene la costumbre de leer tanto, o fortuna de tener un ambiente con libros al rededor, le encanta la poesía. No le parece difícil. Siento que igual es de las primeras cosas que la gente busca o lee porque es como para la tarjeta de cumpleaños de la novia o novio, para expresar sentimientos. Que es justo lo que hace la poesía, no estoy hablando de poesía conceptual ni nada. Me refiero a poemas de amor, de muerte, de dolor… Siento que a la gente sí le gusta la poesía. Creo que justo es un buen punto de acceso. En la calle, en el metro.

Y si alguien me dijera “puta, no sé ni por dónde entrarle a nada de esto de los libros”, yo le preguntaría: “¿Cuál es tu rola favorita? Sácale la letra”, eso es poesía”. Entrarle por ahí; el reguetón más acá está usando muchos recursos de la poesía. El corrido más sentido, también. La bachata más triste, igual. Entonces, yo diría que la poesía a través de la música es un punto de entrada a la literatura.

Además, con la redes, con la falta de tiempo, de pronto entre una estación y otra, te lees un poema o un cuento. El cuento es el segundo paso. Voy de lo cortito y conciso a lo largo: por el tiempo, por la concentración y por el esfuerzo que requiere.

La portada del libro es una imagen que inunda, que cae de golpe. Algo que mucha gente tapa, que no quiere ver pero que al mismo tiempo no puedes evitar ver. ¿Cómo llegaron a ti estas dos imágenes, del título y la portada?

Desde el principio quería que mi amiga y gran artista Pia Camil trabajara en la portada, se llamara como se llamara. El título me vino justo como esta suma de las muchas olas del feminismo que, de pronto, ya sumadas son imparables. Además, en el libro hay generaciones distintas y eso apoyaba la imagen,incluyendo la marea verde que empezó en Argentina respecto a las mujeres decidiendo sobre su cuerpo.

¿Pia tuvo completa libertad creativa?, ¿ya sabía de qué iba el tema cuando hizo el dibujo?

Ella hizo el dibujo específicamente para la antología ya sabía de qué iba el libro y título. Me propuso varios y uno de ellos fue el que se quedó. La mujer te mira directamente a los ojos, eso me gusta.

Otra imagen que me gustó mucho en el prólogo fue la de Nepantla, ¿por qué ese lugar?

Una coincidencia padre es que de ahí es donde es Sor Juana. Pero en el prólogo hablo de Nepanlta desde la perspectiva de  Gloria Anzaldúa. Una chicana, escritora, activista importantísima, que escribe muy bonito. Es increíble, la súper recomiendo. Lo que ella hace es hablar de Nepantla, no del pueblo, si no de su significado en nahua; como “un lugar entre dos mundos”. Ella habla de las nepantleras como mujeres artistas escritoras que están entre dos mundos/realidades/estados/géneros/ y que ayudan a la gente a transitar de uno a otro, y están en flujo. En fin, hay muchas formas de ver lo de Nepantla y ella explora muchas de ellas.

Ya entrando a la antología, ¿cómo te dividiste entre editora y escritora?

Fueron dos procesos separados: mi texto se lo enseñé a muchos amigos y lectores aliados. Por otro lado también estuvo Eduardo Rabasa de Sexto Piso como editor. Yo le eché un ojo a todo lo demás. Todas entregaron textos muy completos y muy bien editados. Fue un trabajo muy rico y sé que entre ellas también se leyeron, así que me tocó un trabajo más relajado como editora.

¿De dónde surgió la idea de la antología?, ¿cómo fue la convocatoria?

Vuelvo a esta idea de lo necesario. Surgió de una necesidad de darnos cuenta que estábamos quedándonos insatisfechas con las discusiones que se daban, sobre todo en redes,acerca del feminismo, del tema de género, incluso en los periódicos. Por el tema de espacio, el límite de tiempo, el límite de caracteres; como muy rápidamente, muy sin matices, muy en el blanco y negro. A veces también muy violento.

Yo sentía que hacía falta un espacio donde todas pudiéramos explayarnos, y hablar de lo que quisiéramos en torno al tema de género. Y viste, todas teníamos cosas distintas. aunque paralelas, que decir. Partiendo de eso invité a todas y a un par más, que no pudieron participar por falta de tiempo. El resto dijo que sí, “obvio, yo te mando algo”. Hubo completa libertad; podía ser un cuento, algo visual, un poema, lo que fuera.

Uno de los textos menciona la americanización de los movimientos, Me gustó porque logra a ir más allá de la normalización y desvirtualización de los movimientos feministas. Evita ser ignorado nuevamente.

Lo que más quisiéramos es que el acoso fuera un tema que ya no sucede, que estuviera tan fuera de la cotidianidad que no fuera necesaria esta antología ni mucho menos fuera necesario recordar ciertas cosas del feminismo o de movimientos que luchan por derechos a favor de la mujer, de equidad de género. Sería lo máximo, querría decir que ya estamos del otro lado.

Desgraciadamente, todos los días, al menos aquí en México, mueren seis mujeres y todos los días hay incontables casos de desde acosos “menos serios” digamos o más “pequeños”, hasta violaciones y feminicidios. Entonces creo que no estamos en un lugar donde podamos decir,” esto ya lo superamos, que aburrido y mejor hay que hablar de otra cosa”. Me encantaría que un día fuera así.

Se nota esta acción de desetiquetar para volver a etiquetar el tema de género. En particular lo noté en el texto de Verónica Gerber, “Mujeres Polilla”, plasmado de manera muy visual.

Es una belleza su trabajo. Todas estamos en eso mismo y ella lo logró muy bien con imágenes. También cuando Jimena González habla de las otras mezclando en la poesía prosa y verso. Se me hizo muy natural, muy cotidiano.

Quería preguntarte, ¿de dónde nace tu texto?, ¿cómo llegaste a él?

Traté de hacerlo hablando de espacios seguros para las mujeres que se abren en herramientas no seguras como Facebook o en redes (porque ahí todo se vigila). Sin embargo, creo que sí se logran gestar ahí espacios entre nosotras que generan amistades, vínculos, incluso movimientos de organización política entre mujeres.

Empecé mi primer texto, que tiré a la basura, y tenía más que ver con el tema del acoso y una reflexión sobre eso. Pero decidí “ahorita no quiero hablar de lo negativo, de lo malo”. “Quiero proponer algo bueno, una solución, un lugar para existir y resistir y cambiar”. Y entonces me clavé en este tema. Y ya después salió así,  el texto habla un poco de lo que va el libro. Es un grupo de mujeres hablando de nosotras, cada una desde su perspectiva, de su lugar de origen, y de su forma de hablar. Pero todas ahí juntas.

Justo tu texto, y la antología en sí, me recordaron cómo nació Chidas, por esta necesidad de un espacio desde el cual hablar a partir de lo femenino, sin que te digan “no eso está muy rosa, demasiado emocional, etc.”.

El otro día leía en Twitter sobre unas mujeres que hablaron sobre deportes y menstruación en la tele, en un canal dizque cultural. Y recibieron mucho asco y rechazo, que era algo demasiado gráfico. Siento que esos espacios dizque de todo el mundo siguen rechazando y negando lo femenino. Y justo estas plataformas como Luchaduras y Chidas te permiten librar esas censuras.

Creo que estos textos sirven para reconciliarnos con nosotras, con nuestro origen. Lo sentí especialmente con el texto de Brenda Lozano, “No a dónde va, sino de dónde viene”.

Claro. Algo que todas las escritoras han dicho acerca de la antología es que estar ahí fue otra forma de sentirse acompañadas. A través la palabra y de la reflexión. Y eso es algo que rescato de la antología como positivo y esperanzador. A pesar de que algunos textos hablan de cosas muy duras, el sentimiento que a mí me dejó después de trabajar con ellos, no fue de desolación, de tristeza o de rabia. Siento que sí hubo momentos de recordar esta rabia, muy necesaria, y esta tristeza; pero también salí con una liviandad, con esperanza, con el corazón ligero.

Eso me gustó. Porque los textos van más allá del enojo y te dejan tranquila, apapachada.

Sí, justo. Muchas coincidimos con la palabra y el sentimiento de apapacho.

Podría seguirte preguntando mil cosas sobre todos los cuentos pero tampoco quiero spoilear demasiado, así que mejor vamos a terminar con un flashround, va. —Risas—.

Tres ciudades: Mérida, Oaxaca y Río de Janeiro

Reguetón o cumbia: los dos reguecumia/ cumbiatón

Instrumento musical: violín

Un poema: “Las Otras” de Jimena González/ “Citizen” de Claudia Rankine

Postre: nieve de mango

Color: morado

Droga de tu preferencia: LSD

Caricatura: Don gato y su pandilla

Mensaje a los lectores de CHIDASMX: “lean, agarren un libro de una mujer, del presente, del pasado, la que sea, y léanlo”.