Ir a un concierto de Roger Waters es garantía de dos horas de uno de los  mejores viajes musicales, audiovisuales y críticos que existen. Esta es la cuarta vez que me toca verlo y la experiencia no decae; al contrario, mejora con los años. El concierto empezó poco más de media hora tarde pero la espera se pasó rápido. En la pantalla se podía ver la imagen de una mujer sentada de espaldas viendo el mar. Algo que llamó mi atención es que en General los asientos también estaban numerados y había sillas para todos. Ya pensando en la edad de los primeros fans de Pink Floyd lo anterior cobró sentido. El público fuimos una mezcla de tres generaciones o más unidas por la música.

“¿Disculpa, este es el 11C?”. “Sí”, contesté y así conocí al wey con el que compartí el mejor concierto de año, y eso que Gorillaz y Nick Cave fueron la locura… la plática se acabó con “Speak to me”, acompañada por una suerte de explosión espacial y luego el lado oscuro de la luna dio paso a “Breathe (in the air)”. Un mar de relojes —recordándonos que cada día estamos más viejos y cerca de morir— se dejó venir con “Time”, seguida de “A Great Gig in the Sky”.

Las voces de Jess Wolfe y Holly Laessig hicieron que se me enchinara la piel y casi lloro de la potencia de su interpretación. Yo estaba más que feliz de escuchar el Dark (Side of The Moon) de corrido hasta el momento; el sonido sorround —aunque no tan bien logrado como en el Foro Sol—, las imágenes en la pantalla y la música ininterrumpida me metieron en el viaje que ya venía anticipando días atrás… con el olor a mota acompañándolo todo el concierto. Nunca supimos quién fumaba pero sí que se vino preparado, porque el churro le duró las casi tres horas que estuvimos en el Palacio.

El concierto cambió de giro con “Welcome to the Machine”, seguida de “Wait for Her”. Esta y otras canciones de su último disco — Is This The Life We Really Want?— se fueron intercalando armoniosamente con los clásicos que todos conocíamos y recitábamos de memoria. Y muestra de esto se pudo constatar con “Wish you were here”.

Para “Another Brick in the Wall pt.2” salió un grupo de niños encapuchados y vestidos de detenidos. Prácticamente se arrancaron la capucha al empezar el coro, para luego quitarse también el uniforme y terminar el track con unas playeras con la leyenda “RESIST”. En lo personal esta fue la imagen más fuerte de la noche. Después de la canción, Roger Waters se dirigió a nosotros por primera vez, dándonos las gracias y avisando que se iban a tomar un descanso de veinte minutos.

“¿Qué?” Es la primera vez que me toca un intermedio en un concierto y me sacó de onda pero el señor, a su edad, tiene derecho. En lo que esperábamos, este wey que se sentó junto a mí y yo intercambiamos impresiones de lo cabrón que estaba lo que acabábamos de experimentar. Mientras, en la pantalla se mostraban mensajes en los que se nos pedía resistir, ¿resistir a qué?

RESIST ANTI-SEMITISM

RESIST ISRAELI APARTHEID

RESIST NEO-FASCISM

RESIST TRUMP

RESIST THROWING GARBAGE IN THE OCEAN

RESIST ALL POLLUTION OF THE ENVIRONMENT

RESIST KILLING CHILDREN

DOGS

Con “Dogs” inició la segunda y más polémica parte del concierto. Se dejaron caer unas pantallas sobre la gente que estaba en General y que dieron forma a una fábrica y un mini cerdito Algie. Las imágenes complementaron a la perfección “Pigs” y “Money”; las burlas a Trump no se hicieron esperar y un Algie mucho más grande se paseó por todo el venue con las leyendas “Stay human” y “Sean humanos” a sus costados.

Big man, pig man. Ha, ha, charade you are

Para este momento yo pensé que Roger Waters se iba a ahorrar un discurso y dejar que las imágenes hablaran por sí solas. Siguieron “Brain Damage” y “Eclipse”, momento mágico en el que se formó la pirámide de luces y cayeron los rayos de colores, inundando todo y a todos. Y entonces sí vino el discurso. El músico de 75 años —lo googleamos porque nos entró la duda de su edad— paró un momento y lloró un poco mientras lo ovacionábamos (yo también solté un par de lágrimas). Se tomó unos segundos para recuperarse y nos dio las gracias nuevamente “me hicieron sentir como hace unos años en el Zocalo”, dijo.

Recobrado el aliento se fue contra CEMEX por vender material y apoyar la construcción del muro entre Palestina e Israel. Esta noticia tomó por sorpresa a muchos ahí presentes. Nos pidió que nos manifestáramos en contra de esto. También expresó su repudio a Peña Nieto por haberle otorgado la Orden Mexicana del Aguila Azteca a Jared Kushner, a lo que el público respondió con otra rechifla (la primera fue para CEMEX) y el ya sabido recordatorio.

De ahí siguió la presentación de la banda, todos excelentes. Mención especial de mi parte a las coristas y al saxofonista que interpretó “Us and Them” de lujo. Se despidieron de nosotros con “Confortably Numb”Is there anybody in there?—, como suele hacerlo en la mayoría de sus conciertos. Eduardo y yo nos levantamos para irnos. Concluimos que fue el mejor concierto del año y me quedé con la sensación extraña de que esta podría ser la última vez que vea a Roger Waters. Ojalá me equivoque.

Fotos x Cesar Vicuña. Cortesía de OCESA