Por Vick Torres

Foto: Cosette

Cuando me enteré de que la agrupación colombiana se presentaría por primera vez en el teatro Metropólitan me sorprendí y hasta llegué a preguntarme si quitarían las butacas para el evento… porque simplemente no me hacía sentido que la audiencia fuera a un lugar en el que pasarían toda la velada sentados mientras escuchaban a Monsieur Periné, ¿En dónde queda el baile?

Si alguna vez han ido a un show de los chicos, o si al menos han escuchado alguna de sus rolas, comprenderán que es prácticamente imposible no comenzar a moverse al ritmo de su música. Justamente estaba sentada en mi asiento haciendo una reflexión al respecto, cuando la gente comenzó a levantarse de sus asientos (iban por la tercera canción). A partir de ese momento, nadie volvió a posarse en su butaca.

A los Periné les abrieron los chicos de María Mezcal, un grupo de electro-folk originario de México, perfecto para hacer a la audiencia entrar en calor y tomar ritmo. A eso de las 21:00hrs salieron los colombianos que tanto moríamos por ver. Comenzaron la velada con “Veneno”, una excelente elección, puesto que puso a todo el teatro a cantar; además, cuando aparecieron sobre el escenario, lo hicieron junto con bailarinas y una coreografía padrísima.

Fue durante “Nuestra Canción” cuando la gente del público comenzó a levantarse. Se escuchaba precioso como los miles de personas cantaban al unísono el coro de la canción, mientras cada quien se inventaba sus pasos. Durante esta rola hubo una pareja de bailarines sobre el escenario que nos mantenían atentos a cada uno de sus pasos, volteretas y acrobacias.

Después escuchamos canciones como “Sabor a mí”, “Huracán” y “La Tregua”. Cuando llegó la preciosísima “hora del bolero”, se iluminó todo el escenario de un rojo intenso y entonces tuvimos la dicha de poder escuchar a Santiago cantar “Me vas a hacer falta” (una de mis favoritas de Encanto Tropical). El momento estaba como para echarse unos tequilazos y borrar el número de tu ex (mientras le veías su carita preciosa a Santi y su voz sanaba todas tus heridas).

Catalina dedicó la siguiente canción a las caravanas migrantes, a los centroamericanos y sudamericanos. “El arte es libertad, ustedes (México) son la casa de toda América Latina, ustedes son la casa de todos nosotros, los que soñamos con poder construir un mundo mejor, un sentido de unidad, esto es con mucho cariño”. Después de esto comenzó “Mi Libertad”, la cual fue acompañada por el Ensamble Allaire, dirigido por Ericka Bañuelos, quienes le dieron un toque mágico a esta canción, que de por sí ya sola se levanta como un himno de amor, unidad, orgullo y por supuesto, libertad. Escuchar el discurso de la vocalista de Monsieur seguido de esta canción con tanto peso, me provocó escalofríos, fue bellísimo.

Después todos volvimos a nacer con “Lloré”. Se sentía mucha energía en el Metropólitan y creo que entonces ya todos estábamos satisfechos con el show, pero apenas estaba comenzando y faltaban todavía bastantes canciones.

A continuación escuchamos “La Sombra”, “Suin Romanticón”, “Bailar Contigo”, “Tu M’as Promis” (con la que Catalina nos puso hasta coreografía para que bailáramos todos juntos), “Ton Silence”, “La Muerte” (en donde todos encendimos las lámparas de nuestros teléfonos y nos movimos al ritmo de la música para crear un espectáculo visual fantástico, como si el show que teníamos en el escenario no hubiera sido suficiente, já), y parecía que terminarían con “Encanto Tropical”, puesto que después de dicha canción, se despidieron del público y salieron por unos minutos del escenario.

 

Poco después aparecieron de nuevo, aunque ahora estaban acompañados de un acordeonista mexicano. Entonces se dispusieron a tocar “Guayabas y flores”, para después (y ahora sí por último), tocar “Año Bisiesto”, durante la cual se bajaron del escenario y anduvieron por los pasillos del teatro saludando gente y hasta tomándose selfies mientras seguían tocando. Con esto fue que terminaron la velada. Los conciertos de Monsieur Periné son para cantar, bailar, llorar y amar.

Uno siempre termina con el alma llena de amor y felicidad después de escucharles y cantar con ellos, no hay de otra. Creo que un concierto de estos colombianos es algo que todos deberíamos de experimentar al menos una vez en la vida.

Poder escuchar a Catalina en vivo, con esa voz tan preciosa que podría bien evocar a la de los ángeles, o a Santiago con sus sonidos de aves (me sorprendí bastante la primera vez que lo escuché silbar en vivo, antes pensaba que realmente eran aves que se escuchan en algunas de sus canciones), al encantador de Nico en la guitarra o al hermoso de Abstin en el trombón, es increíble. Además siempre se lucen en sus shows: llevan invitados, bailarines, tienen coreografías, cambios de vestuarios y hasta el juego de luces hace que todo se convierta en una experiencia única.

¡No te los puedes perder en su próxima visita a México!