Fotos: Andrea Gonar & César Vicuña/OCESA

Texto: Ginn Arias & Mercedes Mtz

Dramático y esperanzador. Irrepetible de mil maneras y por eso, única la presentación de Nick Cave en la Ciudad de México. Un viaje expansivo, lleno de emociones que permitieron confirmar que la música del cantante australiano respira, tiene vida en sí misma porque contiene elementos melancólicos, sarcásticos y elevados tintes de erotismo.

La piel se me enchinó nada más escuchar su voz. Las primeras notas que caían para anunciar la salida al escenario de Nick Cave y compañía trajeron los acordes de “Jesus Alone” como una premonición de lo que sería la noche: un río musical envolvente y al mismo tiempo, desgarrador.

Una parte de mí se sentía culpable por estar en un concierto el 2 de octubre, pero luego Nick se sentó al piano y, después de la frase “never again”—nunca más—, le dedicó “Into my arms” a los estudiantes que murieron asesinados hace cincuenta años.

Cesar Vicuña/OCESA

“Lets call the spirits”

—hay que llamar a los espíritus—.

“Jubilee Street” nos puso a cantar a todos y conforme aparecían las canciones, pudimos ver en un estado de quietud y éxtasis, la perfecta unión entre el cantante, sus músicos y el público que hicieron la suma para que se diera una de las presentaciones más equilibradas e inolvidables que nos ha dejado este año.

Pensé que ya habíamos experimentado todas las emociones — abrazos, parejas que se tomaban de las manos, personas que acompasaban su soledad con un movimiento hipnótico de su cuerpo—. Pasar de la balada al trancazo del bajo y la guitarra en el estómago y el pecho para luego ponernos a saltar y cantar como si no hubiera mañana. Sin embargo, traían más, mucho más.

Mientras ejecutaban “The weeping song”, Nick se aventó al público y se echó un crowd surfing hasta el otro lado del venue, donde terminó la canción. Regresó a pie entre la gente, que se le amontonaba para tocarlo como si fuera Jesus Christ (Super Star). Cabe recalcar que su persona y performance tienen esa carga mesiánica y de predicación. Eso se vibró a lo largo de todo el concierto.

Andrea Gonar

Al llegar al escenario subió junto con parte del público; algunas chicas no podrían de la emoción y se aferraban a él como si no hubiera mañana. Tenía mucho que no veía a un público tan desenfrenado y con tan buena vibra a la vez, una fusión particular.

Ya con él de vuelta en el escenario me di cuenta que estaba sonando “Stagger Lee”, me perdí un momento entre el descontrol. Luego el vocalista les dijo a todos que estaban en el escenario que se sentaran y en medio de ellos Nick Cave y su banda tocaron “Push the Sky Away”. Y ya, me puse a llorar de la nada. Esa canción tiene un power muy cabrón que eriza la piel a cualquiera que la escuche.

Cesar Vicuña/OCESA

Nick dio las gracias en inglés y en español mientras una chica lo abrazaba. La gente bajó y la banda salió un momento para regresar a darnos un poco más en el encore con dos canciones, antes de desaparecer ahora sí definitivamente. Cuando pasadas las once de la noche, el australiano anunció que interpretarían la última canción, “Rings of Saturn” cerró con todo para hacer de este concierto uno de los más esperados, y que nos dejará por un buen rato contentos y sombríos.

Nick Cave and the Bad Seeds nos lo dieron todo y nos hicieron sentir más vivos que nunca. Así, empezamos octubre, con uno de los conciertos que habitará un buen rato en nuestra memoria.

“some people say it’s just rock and roll
Oh but it gets you right down to your soul”

 

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Andrea Gonar

Cesar Vicuña/OCESA

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