Por @KsayYeah

Se nos avisó. Del 4 al 9 de junio ocurrió la #SemanaIR que llegó por tercer año consecutivo para festejar el doceavo aniversario de la revista del mismo nombre.

Entre Desiertos fue parte de su alineación. Una banda tijuanense que visita una vez más la CDMX como parte de esta selecta curaduría: teloneros de Deerhoof en el tercer día de la jornada musical.

En el marco de este festejo extendido, platicamos con la agrupación aún referida como “talento nuevo”, pese a que se encuentran juntos desde 2014, y cuya relación de amistad se remonta bastantes años más atrás, factor clave para que el proyecto haya madurado más rápido. “Sí nos sentimos todavía en pañales […] pero cada quien ya aprendió lo que tuvo que aprender a madrazos fuertes con sus bandas anteriores. Ya vimos qué funciona y qué no, aunque todavía seguimos haciendo pendejadas”.

Hermanados con gran parte de la escena tijuanense (Ramona, Jardín, Perra Galga, Maura Rosa, Isabel Inzunza), los chicos de Entre Desiertos son una mezcla entre la formalidad musical y el vale-verga-de-la-calle. “Ninguna escuela es la verdadera escuela”, comenta Rommel, “sólo de la mezcla de ambas puede salir algo bueno”.

No hay mayor prueba de ello que el simple hecho de seguir con vida aún con el grillete que es moverse de manera independiente en una industria tan competida. “Pero lamentablemente y afortunadamente –bromean– nos encontramos. Tocar con otras personas no es cosa fácil. Es como encontrar una pareja. Creo que ya nos encontramos y ya nos conocemos bien como músicos como para saber si podemos seguir juntos. En este punto es más difícil no hacerlo que hacerlo”, apunta Jacinto.

Parte de Industrias WIO, y con sólo un EP y algunos singles en plataformas de streaming, el quinteto está por estrenar el video musical para “Cristal”, y prepara además su primer trabajo de larga duración para antes de fin de año. A propósito de ello, comentamos el contraste en su ejecución musical: en tracks son limpios y contenidos, pero en live se perciben libres y más dinámicos. ¿Planeación o espontaneidad?: “La grabación ahí va a estar, ahí se debe mantener lo esencial, es idealizable, es calidad, pero en vivo puede ser cualquier cosa, una experiencia, lo imperfecto. En vivo es dejarse llevar. A final de cuentas somos energías rebotando”.

(Anécdota ilustrativa para la posteridad: El Anfiteatro de Tijuana fue testigo de la elevación máxima del rush rockstar de Násmar, quien, en una tocada con Ramona, lanzó sus baquetas hacia el público, arrepintiéndose al momento y disculpándose por el micrófono. Sus únicas baquetas. “Nunca había hecho algo así, salió, estuvo genial. Pero luego fue como ‘¡Güey, voy a tener que comprar otras!’”).

El nombre de la banda fue tomado de una muestra fotográfica de un par de amigas suyas. El video próximo a salir contó con la participación de una morra, Indra Amaya, en la dirección.

Siendo cinco vatos, la pregunta acerca de su colaboración con mujeres y la visibilización del trabajo femenino en la industria era más que obligada. “Claro. ¡En Producción! Estuvimos en un festival que lo llevaba parte del equipo de NRMAL, yo me quedé sorprendido de ver que el stage management y la ingeniería de audio estaba hecha por mujeres. Súper loco”, comenta Rommel.

“México me parece que es más patriarcal, la industria musical es súper patriarcal a diferencia de otros países, donde hay un liderazgo femenino muy cabrón”, continuaba Násar, y en conjunto se soltaron referentes como Warpaint, Björk, y la misma Satomi, de Deerhoof. Jacinto mencionó a Saoko, proyecto también tijuanense del que formó parte, siendo el único hombre dentro de la alineación femenina, o Mint Field, el dueto de chicas que ha triunfado tan en grande dentro y fuera de México. “En videos –producción, maquillaje, arte–, en sesiones, coros, hemos colaborado mucho con mujeres. Se da. Siempre hay presencia femenina de alguna manera”.

Poco menos en el plano laboral y más en el personal, comentaron: “es un paradigma que se está explorando en esta época. Hablábamos por ejemplo de que nosotros no pensamos en un género musical como un formato, y así creo que el género como persona se está explorando. El qué significa ser hombre, qué significa ser mujer. Aún hay estigmas y paradigmas muy fijos que me parece que se están rompiendo hoy. También estamos en esa tarea de seguir aprendiendo”.

Para finalizar, propusimos un intercambio cultural de básicos TJ-CDMX.

Lo que los tijuanenses hacen en CDMX: “Siempre que estamos acá, venimos a la Casa de Toño, aunque sea súper cliché. Comer en la calle. Hoy por ejemplo probamos unos tacos buenísimos. Un licuado de mamey. Torta de chilaquiles, torta de tamal. Un pulque de avena delicioso, espumoso. Ir al Centro de Salud, ¡está bien gótico hermoso!”.

Lo que un chilango debe hacer en el 664: “Tienes que probar la cerveza artesanal si vas a Tijuana porque se ha vuelto una meca. Toda la industria californiana, de San Diego, se hizo muy fuerte y se vino acá. La cocina en general de la Baja está increíble. Los vinos. Están llevando un mezcal, “Mezcali”, que es como mezcal de California. Esos mezcales no los he probado ni en Oaxaca. Los tacos de asada son clásicos. Tienes que ir al Moustache que es el bar más DIY. Ahí tocó el guitarrista de Green Day y una semana después estuvo Chicano Batman; la gente quiere ir a tocar ahí no importa qué. Caben como 300 personas como sardinas, hay sólo un baño, huele feo, pero tiene toda el alma. También Zacazonapan, en el norte, zona de tolerancia, como a dos calles del bordo. Es un bar subterráneo de mala muerte pero muy seguro. Calor, sudas, de repente te pasan un joint. En mi primer visita se escuchaba Led Zeppelin mientras bajaba las escaleras, y cuando entré había un vato vestido de payaso haciendo trucos con un lazo. Pero no te sientes apeligrado, sino como en casa. Tijuana está llena de contrastes.”

Entre Desiertos vuelven el 20 de julio, a conquistar un recinto aún mayor: el Lunario del Auditorio, como acto abridor de The Guadaloops.