Por Mer
Fotos cortesía del 
Instagram de @irakerelima@teatrobarelvicio

Hace unos días tuve la oportunidad de platicar con la actriz Irakere Lima sobre sobre su participación en compañía de Larissa Polaco dentro de la temporada de Cabaret-Burlesque en Teatro Bar El Vicio.

Los números de su espectáculo transgreden el género, utilizando la desnudez como lenguaje de lo queer porque la desnudez es algo que asusta y seduce. Sí. Todavía asusta y ¡Vaya que seduce!

La entrevista se puso buena y salió de todo: del acto de desnudarse y lo que representa, de cuando la sensualidad falla, los miedos y la liberación. (También hubo risas.)

— Cuéntame un poco del proyecto. Me parece muy íntimo, sólo son tú y Larissa en el escenario.
—Así es, sólo Larissa y yo. Nosotras somos las creadoras del espectáculo y las dos estamos en escena. Normalmente hay un conductor o conductora, dependiendo de la función, y así es como estamos con Las Pussy Queers.

—Me da curiosidad esta contradicción de seducción y miedo al mismo tiempo que es tan común al momento de desnudarte —o ver a alguien hacerlo—. Cuéntame cómo es que trabajan el asunto en escena.
— Pues sí, justo un poco nació así este proyecto. Desnudarse públicamente siempre es un acto de riesgo, de nervios. Pero a la vez es un acto de empoderamiento realizado desde la seguridad de que así somos y así nos aceptamos. Siempre se lleva a cabo en un momento y lugar específico. Desnudarse es como una relación sexual tal cual: se elige en qué momento, en qué lugar y con quién hacerlo —en este caso será con las personas que vayan a las funciones— y es un momento único que sólo se vive ahí.

— ¿Cómo lo vive el público?
– También para el espectador resulta transgresor ver a personas desnudarse y además hacerlo no de la manera habitual; que es, sobretodo en la mujer, desde el erotismo y buscando lo sensual como un fin. Nosotras jugamos con no buscar con la sensualidad como fin. Queremos quitarle el peso que tiene el cuerpo femenino desnudo, el cual tiene que ser un cuerpo con los cánones de belleza, erótico, sensual. Justo no, le damos la vuelta, somos más cínicas. No buscamos seducir al espectador, al menos no de la manera tradicional.

— Entiendo que utilizan el acto de desnudarse como un medio para abordar y cuestionar conceptos y prejuicios instaurados. ¿Me podrías dar algunos ejemplos?
– Tenemos varios números y en cada uno reflejamos, cuestionamos y jugamos con varios temas. En uno jugamos con el cambio de género; nos preguntamos qué es el género, que muchas veces se traduce en lo que vistes. Si eres hombre llevas corbata y traje, y si eres mujer, vestido. También analizamos los comportamientos que cada género debe tener en teoría.
En otro hacemos una crítica, enfrentamos y hablamos el tema de las mujeres, de los asesinatos y de los feminicidios porque son hechos que se siguen invisibilizando y son ignorados por muchos.
En otro jugamos con el erotismo pero al revés, cuando no funciona. Justo esos intentos se ser sensuales, de erotizar y fracasar.

—Está cañón la cuestión de que siempre te programan/programas para ser sensual y seducir, para estar lista /listo y a veces no se da. Y no tiene que ver la edad, simplemente no pasa, hay veces que son los hombres quienes no pueden, no sólo las mujeres estamos indispuestas o fallamos. ¿Cómo dialogan ese tema?
– La figura de la mujer, especialmente, se ha convertido en un objeto de consumo y de deseo y eso conlleva un montón de cosas con las cuales hay que lidiar. El primer paso es hablarlas.

—Y, ¿tocan el tema del acoso?
– En otro de nuestros números usamos la luz negra para reflejar cómo el acoso callejero invisibiliza a la mujer y su derecho de andar en paz por las calles.

— Sí, es muy fuerte tener que “darte a respetar” y no tener la seguridad y libertad de transitar por la calle. Es necesario que se visibilicen estos temas y sobre todo desde el trabajo desde el teatro, al que quizá muchos no se acercan porque estén demasiado inmersos en las pantallas.
—Justo estamos enfocando este espectáculo para que la gente lo disfrute a través de los sentidos. Hacemos una recomendación también al inicio del espectáculo. Que se permitan vivir la experiencia a través de todos sus sentidos y que no se distraigan intentando tomar una foto o un video porque una cámara nunca va a poder captar lo que los ojos sí. Eso es lo que tiene el teatro; es una experiencia viva. En la tele, internet o Netflix le puedes regresar, pero en el teatro no, eso te permite disfrutar ese momento y ninguna función va a ser igual a la otra. Esa es la esencia y lo bello del teatro.

—Claro, porque aparte te ves reflejado en los actores y te confrontas en la situación con una comunicación y catarsis directa sin pantallas ni barreras.
—Por supuesto, se da una comunicación directa. El público va a alimentar a la obra y viceversa. Es un diálogo más que ser un espectador de pantalla, desde fuera. El teatro te involucra con sólo estar conviviendo en un tiempo y espacio con esas personas (público y actores).

—Creo que hemos perdido un poco eso, el disfrutar el momento y dejarnos llevar. Por eso me gustó que la función sea justo a la media noche, cuando todo se permite.
—Exacto, eso tiene el cabaret, ser un espacio donde se puede convivir y beber en la noche; que te insinúa temas prohibidos, temas tabú. Ahí es el momento y lugar de hablarlos y de enfrentarlos, y también está rico.

—Me parece que es muy necesario, a veces nos cuesta enfrentar nuestros demonios aunque sea a través del otro.
—Por supuesto, lo platicábamos Larissa y yo. Cuando una persona, una mujer, se atreve a desnudarse con la confianza de sí misma, como espectador te invita a reflejarte y que se te antoje hacerlo también, o no, pero puede ser una suerte de liberación a través de esa persona. Eso también es súper rico; ver a alguien más haciendo lo que no me atrevo.

— Muchas veces nosotros mismos somos nuestro juez más duro y hay que ser más permisivos.
—Nosotras nos desnudamos justo porque queremos, porque podemos, porque es un lugar cuidado. Eso también hay que saberlo. No porque yo me desnude, tiene todo mundo derecho a verme desnuda. Hay que tener muy claro dónde y porqué se hacen las cosas. Saber qué quiero decir al ponerme en esa situación.

—Sí, siempre tiene que haber respeto tanto del que se desnuda como del espectador y no sólo en el teatro.
—Claro, como artistas siempre buscamos cuestionarnos por qué hacemos lo que hacemos y qué es lo que queremos decir, para que realmente tenga un valor y seamos conscientes de los que estamos diciendo al público

—Y por último, en estas dos fechas que van a tener el vicio ¿qué podemos esperar?
— Somos parte de un ciclo de burlesque en el vicio en van a encontrar diversión, sensualidad que se coló por ahí, un goce de estar en situaciones inesperadas y a la vez muy comunes en la vida cotidiana.

Información general:
Fechas: sábado 19 y 26 de mayo a las 23:30 horas
Cover: $200
Dónde: Teatro Bar El Juicio. Madrid 13, col. Del Carmen, Coyoacán.
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