Por CorreDaniCorre

A la mujer se le asigna por naturaleza como madre. De niña es madre a futuro, el resto de su vida es madre en potencia o ya lo ha sido. ¿Qué se le dice a quienes no pretenden ser madres? ¿Cómo se les llama? Hay palabras para la mujer soltera, pero para la no-madre, parece no haberlas.

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Mujeres que optan por no ser madres

Cada día son más las mujeres que optan por no ser madres o que tienen menos hijos. Según un estudio de la ONU en México las mujeres tienen en promedio dos hijos y se prevé que dentro de 10 años la tasa haya bajado a 1.5.

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Ana

Quedamos de vernos en los Viveros de Coyoacán, en el foro para teatro al aire libre. Está sentada en un tronco y bajo una vaporosa falda negra se puede ver la punta de unos botines de piel. Con cada cambio de las estaciones celebra el cambio de la naturaleza, el movimiento creador y dador de vida. En la espalda baja tiene tatuado el símbolo de la Triple Diosa, también conocida como la Diosa Madre. Depicta tres caras celestiales: una luna creciente, luna llena y luna menguante. Se llama Ana Olivera, de 31 años, y no va a ser madre. Nunca.

“Estoy buscando ligarme las trompas de falopio. Seguramente para fin de año ya la tendré hecha en Marie Stopes…una vez que me den chance de faltar en el trabajo, claro”. Marie Stopes es una institución inglesa que tiene clínicas de salud sexual alrededor del mundo. Ofrecen estudios médicos, anticonceptivos, medicina perinatal y donde es legal, la interrupción del embarazo. Otro de los servicios que ofrecen es la esterilización voluntaria.

Ana atiende el área psicológica para la policía, en temas internos. “Alguna vez pregunté si acaso me lo cubriría el seguro del trabajo. Me acerque con la chica de contaduría que si el seguro cubría consultas ginecológicas. Me dijo toda emocionada ‘¡Ay! ¿Quieres congelar tus óvulos?’ No dejé ni que acabara su fiesta cuando le contesté que no, que quería esterilizarme”. La chica se espantó. Le dijo que eso, definitivamente, no lo cubría el seguro del trabajo.

Ana es muy abierta respecto al lado b de la maternidad, aún cuando ella no pretende ser nunca parte de esta experiencia. “Mis amigas, más aún las que ya tienen hijos, han sido las que más me apoyan en mi decisión. Son las únicas que saben lo difícil que es su trabajo y las que me han dado el chance de expresarme con libertad”.

Un miedo primitivo es lo que anida dentro de ella. El miedo al dolor y a salir lastimada. “Me han contado historias de horror de lo que implica tener hijos. No sólo el abandono que viven las madres y la múltiple carga de trabajo”. La violencia obstétrica parece ser el gran terror de Ana. De acuerdo a la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia de la UNAM, se estima que una de cada cuatro mujeres que ha estado embarazada ha pasado por este maltrato. “Una amiga al dar a luz cuenta que la dejaron con las piernas abiertas en recuperación. Los doctores entraban y le metían las manos”. Esta chica, Ana recuenta, sólo se reía. “Creo que en un acto de resiliencia, como por no llorar. Llegó a decir que creía que la habían violado, pero se reía”.

De niña no sintió como obligatoria esta mitología impuesta del reloj biológico. “Nunca me nació serlo. Alguna vez le conté a mi mamá que quería esterilizarme y lloró. Decidí por eso que cuando me opere me voy a pasar la recuperación en casa de una amiga, para que no me haga preguntas”.

Más veces que no se nos enseña que el género y el sexo son binarios. Hombre, mujer, pene, vulva. Azul y rosa. Pelo largo, pelo corto. Todo un lenguaje de pares. Binario. Como una secuencia de unos y ceros para que sea lo más sencillo y reducido posible. Unas cajas en las que meter a toda la humanidad habida y por haber.

Cuenta que su anterior esposo la apoyaba mucho en su estilo de vida. Cuando ella se enfrentó a las negativas del seguro a hacerle la esterilización fue él quien acudió a consulta. “No la iban a hacer. Por no tener ni un hijo. Porque uno no es suficiente. Tengo que tener más para que siquiera consideren hacerla y no quiero nada”.Cuando su ex acudió a consulta para realizarse la vasectomía cuenta que a él no le preguntaron nada. Ni la edad, número de hijos. Nada.

“Veo la violencia normalizada en todos lados. Hasta en cómo acuestan a las mujeres para parir. ¿Haz tratado de cagar acostada? Pues tampoco se puede parir acostada”. La OMS clasifica como violencia obstétrica: empujar el vientre para que salga el bebé (maniobra Kristeller), la episiotomía (cortar la zona que va de la vagina al ano para agrandar el canal de parto) “A mi amiga se la hicieron y sin anestesia”. Obligar a dar a luz acostada en cama o inmovilizada, cortar la membrana uterina para que salga el bebé (maniobra Hamilton). A todo esto se suma el hecho de acelerar los procesos de parto sin que la madre haya decidido. “Le pasó a mi madre. Su doctor se iba a ir al Super Bowl y sacó a mi hermano unas semanas antes para poderse ir de viaje tranquilo.”

Una mujer pasa gran parte de su juventud temiendo un embarazo. Cada mes tomando pastillas anticonceptivas, mordiéndose las uñas si el periodo está un sólo día tarde. Y un día, de repente, ha de desear con todo fervor el tener un hijo. Pareciera un miedo silencioso, el miedo a ser madre que se oculta detrás de un supuesto instinto y ternura. Una ternura que ante los ojos del mundo ha de ser suficiente como para enfrentarse a la violencia, acoso y denigración. “No me aventaría nunca a todo esto, pero sí me gustaría incluso aprender a ser partera. Tenemos que apoyarnos entre nosotras, tener sororidad”.

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Fernanda

Sentir el dolor del otro es a veces imposible, pero para Fernanda sus problemas van más allá en su búsqueda de una histerectomía. “Empezamos por el ovario poliquístico, que provoca periodos sumamente dolorosos y otros desbalances hormonales que nos hacen sentir sumamente mal desde dos semanas antes del inicio del periodo”. Su cuarto está decorado con posters de Harry Potter. Comenta que su casa de Hogwarts sería Slytherin, ya que posee una gran astucia y creatividad para encontrar todos los medios posibles para llegar a los resultados que busca. Esto se ve reflejado en los cinco diferentes idiomas que maneja en la compañía de traducciones en la que trabaja.

Fer es autista y esto significa que tiene intereses fijos que son de su más íntimo gusto. Para algunas personas son los números o los animales, para Fernanda es la gramática. El autismo también significa que es susceptible a una gran cantidad de estímulos que le sobrecargan los sentidos. En sí el dolor menstrual es doloroso; sentirlo aumentado y en todo color para Fer es insoportable. “Por sensibilidades sensoriales, el periodo en sí es algo que nos gustaría evitar”, Fer dice esto con la mayor solemnidad, como queriendo no enojarse para ser escuchada.

La histerectomía se puede realizar en diversas ocasiones, las más comunes siendo el cáncer, endometriosis, prolapso. Para los casos como el de Fer, es el último recurso cuando existe un nivel de dolor ingobernable.

El médico de Fernanda no estaba preocupado por los quistes, “estaba más ocupado con hacer preguntas insidiosas sobre nuestra vida.” Su ex le había provocado una infección fuerte. Aún al detectar una anomalía grave en Fer, él optó por calificarla de promiscua. Ha sido el único médico privado al que ha acudido en su vida y quien le ha juzgado de promiscua para explicar la enfermedad. “Sólo insistía que le había puesto el cuerno a mi ex”.

Fer se atiende principalmente en el sector público, pero no ha sido lo que espera. “sobre todo con ginecologos hombres y el sector de salud pública, es que no te esterilizan antes de cierta edad”. Ella pide más que una esterilización, pide la operación en la que se le retiraría toda la matriz, para evitar el dolor lo más posible. “Ven que sufro y sólo les importa que tenga hijos en el futuro”. A Fer le encantan los niños, incluso considera adoptar en un futuro. “El dolor es con lo que no podemos, nos paraliza. No puedo con el sangrado, un parto me acabaría por matar, por más que sea bonito pensar en hijos”.

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Estefanía

“Tengo muy malos genes. Hay obesidad y autismo en mi familia…además no me gustan los niños”. Estefanía tiene 22 años, es estudiante de comunicación. Estefanía cuenta que ella ya tuvo que vivir el criar niños ya que tiene dos hermanos más pequeños a los cuales les lleva 9 y 14 años. “Es un dineral. Tienes que llevarlos a la escuela, alimentarlos. Dejan la ropa cada mes cuando están creciendo”.

El sólo hecho de ver a su mamá lidiar con sus hermanos fue suficiente. La madre de Estefanía es médico. Acabando el turno, su madre tiene que regresar a su casa a atender las necesidades de sus hijos. “Nada más de verlo, no quiero”.

Estefanía no ha realizado ningún procedimiento para esterilizarse “pero le tengo un pavor enorme a quedar encinta”. La propia palabra “encinta” se usaba cuando las mujeres dejaban de usar corset al enterarse que estaban embarazadas. Dejaban de usarlo para no dañar al feto. Esta era la práctica y lenguaje del siglo 19.

“Mi mamá me dio chance de ponerme el implante pero preferí no porque usarlo puede ocasionar ovario poliquístico… le dije que mejor me operara”. La madre, que es médico, le contesto que no fuera tonta. “si un día te casas tu esposo va a querer tener hijos”. Le aseguró rotundamente que ningún ginecólogo le ligaría las trompas si no había tenido hijos.

Su único método de planificación familiar: el preservativo. “Alguna vez pensé en ponerme el DIU pero tendría que ser con autorización de mi ma…”. El pedir permiso a los padres solía ser práctica común a lo largo del mundo, aunque desde 1948 Millicent Fenwick en el libro de Etiqueta de Vogue menciona que cuando se toma una decisión, como casarse por ejemplo, “ la pareja hace el acuerdo en primera instancia y luego se informa a los padres del trato”. Antes de la primera mitad del siglo XX dejó de ser una necesidad de buena costumbre el pedir permiso ante la autonomía de los hijos.

A Estefanía se le va un poco la voz. Le pregunto para reiterar que en efecto sea mayor de edad. “Sí, tengo más de 18. Sólo que mi mamá conoce a muchos otros médicos y pues yo a fuerzas iría a un hospital del ejército. Conoce a los ginecólogos y puede hablarles y decirles que no me lo pongan”. Estefanía no contestó respecto a otros medios donde podría realizarse la operación. No conocía a Marie Stopes u otras clínicas de salud.

Alguna vez la esposa embarazada de un conocido invitó a Estefanía y a su novio a comer. “Para que se me pegara el embarazo, porque según que los embarazos se pegan”. Estefanía le confiesa que no quería tener hijos nunca y la mujer rioo. “Decía que todas tenemos que ser mamás para ser mujeres”.

Estefanía dice que sus papás son muy feministas, que siempre la han educado a valerse a sí misma; “pero sí veo que mi mamá sufre para cuidarnos”. Su papá le dio la opción a la madre de trabajar “pero ella quería realizarse como mujer”. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), elaborada por el INEGI concluyó que el 98% de las madres mexicanas tienen una doble jornada: el hogar y el empleo formal. De este empleo formal se le paga a las mujeres hasta un 20% menos, según la Organización Internacional del Trabajo.

Estefanía quiere operarse para no tener hijos, pero “sólo desobedecería a mi mamá si me entero de que tengo una enfermedad hereditaria grave”. Le pide permiso a su madre para hacer sus consultas, pero “sólo la propia mujer puede decidir sobre su cuerpo”.

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El ser no-madre puede significar más que la destrucción absoluta de la sociedad, como algunos quisieran verlo, significa la posibilidad de ver a la gente más allá de rosa y azul, Barbie o Ken. Qué fantástico y valiente mundo será en el que conozcamos de verdad al prójimo.

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