Por @softellez

Decidí que quería escribir sobre futbol porque de todas formas iba a pasar dos horas viendo el partido, así que podía compartir mi forma de experimentarlo aunque no fuera una opinión experta. A decir verdad, la única preparación con la que contaba para este encuentro era ese capítulo de los Simpson donde se burlan de un partido Portugal VS México… O sea: ninguna. No conozco bien a los integrantes de la selección, no sé quién es el director técnico, nada.

En algún momento de mi vida estuve interesada en los temas futbolísticos, durante mi juventud, pero por razones muy básicas: me gustaba mucho un futbolista, a saber, Duilio Davino. Han pasado tantos años de eso que ahora Davino es comentarista de Televisa. Uno muy poco elocuente por cierto.

Qué wapo

Me encantan las ceremonias previas al inicio de un partido internacional. Los himnos y los niños agarrados de las manos y el volado y todo eso. Me dio un poco de tristeza que Cristiano Ronaldo ni siquiera vio a los ojos al capitán mexicano, Guardado, que lo miraba con una emoción y admiración casi infantiles.

El buga genérico con el que vi el partido me preguntó si yo creía que iba a ganar México. Cuando le dije que no sabía, de inmediato me sugirió que hiciéramos una apuesta, cosa que por alguna razón un buga genérico siempre va a sugerir. Otras cosas que mi buga genérico hizo durante el partido: les habló por su primer nombre a los futbolistas, a veces incluso por sus nombres de cariño: “¡Bien, Paco Memo!”. En una jugada donde el Chicharito estaba por anotar: “Si la metes te voy a felicitar, si no, voy a decir que eres un pendejo”. El aficionado mexicano se toma las cosas muy a pecho.

El portero de Portugal hizo su primer despeje en el minuto ocho y no pude evitar notar que la gente sigue gritando “Ehh… ¡puto!”. Ya más allá de la discusión de la homofobia y el debate alrededor de lo que la afición en realidad quiere comunicar cuando lo grita, siento que es como un gigantesco berrinche de los mexicanos. Es como cuando de niño te dicen que dejes de hacer algo y sigues haciéndolo para demostrar que nadie te dice qué hacer (?).

Tuit de @yuguz

Ahora, el grito era realmente sonoro. ¿Cuántos mexicanos había en el estadio ruso? ¿Cómo es posible que de un país tan pobre tenga tanta representación en un estadio? ¿Por qué hay tanta gente que puede costearse un viaje a otro continente mientras México tiene tantos, tantos problemas de hambre y pobreza y niños que viven en la calle? Un misterio.

A la mitad de mis cavilaciones cayó un gol de Portugal después de un montón de rebotes. Cuando los jugadores estaban celebrando, por primera vez en la historia la pantalla se dividió en varias partes como en un partido de la NFL. No entendía qué estaba pasando, pero resultó que había fuera de lugar. Pepe, el que metió el gol, se veía decepcionado: no ha de ser padre que una de las primeras veces en las que se usa esta tecnología de revisión sea para que te quiten tu golecito. Porque los llamados “árbitros de video” anularon la anotación y nada, vivimos una época hermosa.

En fin, por ahí del minuto 35, cayó la ventaja de los portugueses, ahora sí. Frente a un gol como el de Quaresma, no queda más que guardar un respetuoso silencio. Mi papá decía que un jugador de futbol primero tenía que ser un buen jugador de ajedrez. Cuando un futbolista es capaz de ver más allá de su nariz y tener paciencia mental para pensar lo que puede pasar, logra ver el futuro y adelantarse. El comentarista de Televisa dijo, para hablar de Ricardo Quaresma, que era un veteranazo de 33 años. VETERANAZO. Yo tengo 32 años y no soy veteranaza de nada.

Foto: Marca

Casi al final del primer tiempo, en una jugada bien armada y que gozó de la misma pericia de la que mi papá hablaba, el equipo mexicano demostró que sus elementos, como suele decirse, “no se vuelven locos”. El centro de Jiménez, la decisión de Vela y la definición de Chicharito se siguieron armónicamente hasta entonar un gol (AY WEI). El comentarista dijo que ERA UN REGALO PARA LOS PAPÁS.

Ochoa protegió su portería en el segundo tiempo frente a un tipo llamado Silva que parecía recién salido del salón de belleza. Excelente corte de pelo. Cuando todavía los narradores estaban alabando la increíble actuación del portero mexicano, cayó un gol. Fue un tal Cédric, que también goza de un pelo muy bien procurado.

Después todo sucedió muy rápido. O a lo mejor yo ya estaba más ocupada viendo mi celular. Los portugueses metieron un gol cuando ya quedaban muy pocos minutos para terminar el partido y todos volvimos a sentir esa punzante decepción –incluso los que casi no vemos futbol– de otra derrota.

Foto: Excélsior

Hacia el mero final, pasó lo que nunca: México metió un gol de último minuto vía alguien llamado Héctor Moreno. En estos casos, el empate parece ser algo con lo que todo el mundo está muy contento. Feliz día del padre. México suma un punto y en teoría los siguientes juegos de la Copa Confederaciones serán menos difíciles. Incluso los que no estamos interesados en el futbol sentimos las cosquillas de la esperanza… lo cual me choca, la verdad, porque siempre todo lleva a una profunda decepción.

En cuanto terminó la transmisión del partido, la cara de Jorge Ortiz de Pinedo inundó la pantalla. Ver un partido de México para mí es como un viaje en el tiempo y no precisamente al futuro.