“De qué te quejas si ya sabes a qué vienes”, dijo mi amigo Juan cuando efectivamente me quejé de las imágenes que Morrissey escogió para acompañar su interpretación de “Meat is Murder”. Y no era precisamente una queja, o no solamente eso. En realidad no era algo que yo no esperara o que no supiera que iba a tener lugar. Ya en los conciertos de 2011 en el Plaza Condesa me había tocado ver las denuncias de Morrissey. Tampoco es que no me importen los animales o que esté en contra de sus derechos. Simplemente ver la pantalla con becerros sangrantes y gallinas degolladas interfirió un poco con mi experiencia estética del concierto. Pero bueno, Morrissey es un artista y es un activista. Y después de leer su biografía, me quedó clarísimo que tiene intereses que van más allá de la música. Y cuando uno decide entregarse como fan a algo, tiene que tomar todo lo que venga en el paquete.

La cita para el concierto del viernes 31 de marzo de 2017 era a las 9 de la noche. Pero la presentación en sí no comenzó sino hasta las 9:40, porque a las 9 lo que hubo fue una proyección de vídeos musicales.

Entre las canciones que Moz seleccionó para esta introducción estaba “Don’t make me over”, de Dionne Warwick; una cantante a la que siempre ha admirado profundamente. También el fragmento de un discurso de James Baldwin, un activista y pensador que murió hace muchos años sin saber que en 2017 un montón de gente iba a gritar ante su imagen, desesperada por ver salir a un cantante de Manchester.

Cuando por fin sucedió y Morrissey estaba ahí frente a nosotros, con su saco escotado y lleno de lentejuelas, no pude evitar el llanto. “Suedehead” para mí y para muchos es un himno personal y a la vez generacional que representa el momento en el que por fin nos paramos y fuimos dignos y le dijimos que no a alguien que durante mucho tiempo nos trajo de su pendejo o pendeja. Luego “Alma Matters” y “How Soon is Now”, seguidas de “First of the Gang to Die”, una de mis canciones favoritas… en una versión acelerada y con una batería toda rara, pero bueno… seguía siendo “First of the Gang to Die” o algo así. Por un momento pensé: ¿Será que Moz se va a atrever a dar un concierto de hits?

La respuesta es por supuesto que no. A la mitad del concierto la selección de canciones para el setlist se tornó… ? difícil. ¿Era solo yo? Las preguntas en mi mente: ¿Por que no puedes ser un poco más complaciente, Moz? ¿Por qué no puedes volver a dar un concierto más parecido a aquel del Palacio de los Deportes en el lejano 2006? ¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué eres una tía amargada? Ocho canciones pasaron en las que me sentí completamente defraudada y triste. “There is a Light that Never Goes Out” me dio cierta esperanza… que se apagó con “Meat is Murder”.

El gran problema de ser tan tan fan de alguien que tiene una carrera tan tan prolífica es que difícilmente una presentación en vivo va a ser suficiente. Y entiendo el “enojo” de mi amigo cuando dijo que no era nada que no supiéramos que iba a pasar. Pero una es ingenua y es necia y guarda en su corazón la esperanza de escuchar bellezas como “My Love Life” o “Will Never Marry” o “We Hate it When Our Friends Become Succesful” o “Hairdresser on Fire” o “The Last of the Famous International Playboys” o “Irish Blood, English Heart” o cualquiera antes que la espantosa “Istanbul”, carajo.

El caso es que no, Morrissey no viene a complacer a nadie más que a Morrissey y paradójicamente por eso lo amo tanto. También es cierto que el tipo tiene su sentido del humor y cuando “Shoplifters of the World Unite” comenzó, la portada de Years of Refusal apareció en la pantalla, con la diferencia de que en vez de un bebé regordete y sonriente, la cara de Trump surgió en todo su horrorífico esplendor. Moz también modificó la letra: Trump shifters of the woooorld. ?

Hacia el final del concierto, cantó “Jack the Ripper”, algo que jamás creí experimentar en mi vida y con la que le grité al maldito Steven Patrick: Crash into my arms, como sea, con cualquier setlist, con el apoyo audiovisual que quieras, I want you.