las cosas que perdimos en el fuego mariana enriquez

El otro día entré a una librería y un libro me gritó desde su estante. Esas cosas pasan. Se siente como cuando alguien te está viendo y lo sabes aunque no puedas voltear para confirmarlo. Las miradas estiran sus bracitos y te tocan. Es similar a cuando estás dormido y de repente abres los ojos porque la persona que duerme junto a ti despertó antes y te está viendo.

Este libro me miraba y yo, primero con el rabillo del ojo y luego descaradamente, lo miré. Me escupió su título: Las cosas que perdimos en el fuego. “El año pasado vi una película con este mismo título”, pensé. “La crítica la trató pésimo pero a mí me pareció robusta, conmovedora. Intenté convencer a algunos amigos de verla, pero nadie me hizo caso y me rendí”. Tomé el libro y violé mi propia regla de no leer contraportadas. Necesitaba saber si estaba relacionada con la película de Susanne Bier. Resultó que no. No tenían nada que ver. Este era un libro de cuentos y la autora era Mariana Enríquez, una argentina de la que yo nunca había escuchado hablar. Otro de sus libros: Cómo desaparecer completamente. “Con que sí, tramposa. Ya vi de qué vas: te apropias de los títulos de las obras que te gustan”. En ese momento me cayó mejor, yo diría que nos hicimos amigas.

Sí, leí la contraportada pero muy por encima. No puse demasiada atención en los adjetivos calificativos que el autor anónimo usó para describir el libro. No sabía que era un libro de cuentos de terror.

 

las cosas que perdimos en el fuego mariana enriquez


Once después de la medianoche

Tomé Las cosas que perdimos… y me fui. Lo desnudé de su ropita de plástico en cuanto estuvimos solos. No sabía en lo que me metía. El primer cuento lo leí antes de entrar al metro. Según yo, nada más iba a hojearlo. Me tuve que sentar un rato en las escaleras para poder acabarlo sin correr el peligro de estrellarme contra algo o alguien.

¿Qué guardan entrelíneas los once cuentos de Mariana Enríquez en este libro? Una verosimilitud que asusta. A pesar de que la autora creció en un contexto distinto al nuestro –una Argentina en proceso de recuperación después de las dictaduras– y pertenece a una generación distinta, sus historias se sienten cercanas. En todas la protagonista es una mujer en circunstancias peligrosas*, pero no por eso indefensa. Las mujeres de Enríquez no huyen del peligro, más bien se adentran en él. Lo buscan, lo persiguen, se dejan llevar por él. No siempre hay recompensas y no siempre como lectores terminamos conociendo las consecuencias de estos descensos a un infierno incierto y eso hace que después de leer cada cuento quede una estela de insatisfacción. No en un mal sentido: dan ganas de que Las cosas que perdimos en el fuego no se acabe nunca.

Mariana Enríquez me sorprendió por la naturaleza de los miedos que presenta. Algunas veces parecen ser cosas dentro de la cabeza, otras terrores externos; siempre eventos que podrían suceder o ya han sucedido. Una niña desaparecida inexplicablemente en una casa, un niño que aparece decapitado para perturbar la mente de una mujer que cree que pudo haber hecho más por él, un río contaminado por la basura que genera una ciudad y en el cual se fermentan criaturas terribles que una fiscal intenta creer que no existen. El cuento que-da-título-al-libro narra sórdidamente cómo un grupo de mujeres comienza un movimiento agresivo en contra de la violencia de género. Las cosas que perdemos en el fuego son las cosas que podemos recuperar, las cosas que perdemos en el fuego somos nosotras.

Enríquez no nos conoce pero nos conoce. Las mujeres que lean este libro se sentirán aterradas. Los hombres que lo lean también.

*A decir verdad, en uno de los cuentos el protagonista es Pablo, un hombre que se acaba de volver padre y no está del todo contento con la paternidad.