Seguimos la música de Sergio Silva desde que éramos morritas. O sea, muy morritas: cuando era el vocalista y guitarrista de Furland con quienes cantamos y vimos varias veces, hasta Silva de Alegría su proyecto solista actual.

Nos encanta su vibra, es alguien que transmite calma y a la vez mucho talento. Tiene un aura distinta, es el tipo de persona que derrama creatividad sin ser un arrogante. Es más bien un poco introvertido, muy amable.

Y así es como hemos escuchado cada uno de sus materiales, el orgánico EP Geografía Nacional, su maderoso debut El Silencio en la Tierra y su ahora homónimo Silva de Alegría, un disco lleno de matices, altos y bajos. Es un material de puro sencillo, y fue de esos temas de los que precisamente platicamos con él, para terminar la velada con una bonita sesión acústica.

¿Como te reinventaste para este material homónimo?

Tenía la idea de que fuera muy muy variado. Cuando hago un disco hay canciones que me llevan por un estilo muy definido y poco a poco se va unificando todo. Ahora sí tenía la idea de que hubiera de todo, desde lo más pop, hasta lo más folk, lo más tranquilo y lo más prendido.

Tenía claro que sería una colección de canciones, más que un disco conceptual como lo fue El Silencio en la Tierra: un disco que iba fluyendo mucho, tenía un intermedio. Y este disco homónimo son puros sencillos (o mi idea de lo que son sencillos).

Era más la idea de recopilar canciones que representaran bien todo mi trabajo solista.

¿Cómo surgió “Ok”?

Desde que empecé en la música (desde Furland), tenía claro un estándar folk, que me gusta y el banjo y los colores, todo eso. Pero a la par siempre tuve la inquietud de hacer música como La Casa Azul, ondas más funk como Kool & the Gang. Influencias que nunca se habían reflejado realmente en la música que yo hacía, como que siempre ganaba más el otro lado de las cuerdas, más orgánico.

De repente hubo una época en la que traté de hacer música con esas influencias. De ahí surgió “Corazón Típico” de Furland. En esa misma época surgió la base de “Ok” fue como muy inmediato, hice un ritmo de batería, un bajo y ya tenía la rola como en media hora. Era una rola muy diferente que sabía que tenía que llevarla a sus últimas consecuencias, que explotara y que fuera a lo que te lleva esa canción.

¿Y sobre “Vietnam”?

Fue una canción que tardé muchísimo en escribir. La música la hice como en 2010 con una maqueta con el banjo y se fue transformando. Hice miles de versiones distintas, no me gustaba y la letra no lograba darle al blanco. Está muy inspirada la letra en un libro que se llama Cosas que los nietos deben saber que es buenísimo de Mark Everett vocalista de Eels, es su autobiografía. Ha tenido una vida súper espantosa, una tragedia. Hay un pasaje que habla de una de sus relaciones y que dice eran su “Vietnam”. Se me quedó mucho esa analogía ‘no sólo fue una relación destructiva, fue una guerra’. De ahí surgió, quería que fuera una canción muy emocional.

Tiene toda una narrativa la música, como que te va llevando y al final acaba con cuerdas y solos de guitarra. Es una descripción musical de una guerra en una relación.

“La Campana” también se nos hace una canción súper especial

Es un a canción que habla en general del tiempo que pasa. De la melancolía, de la nostalgia que te da desprenderte de cosas. La compuse en un momento en el que se murió un cachorrito que acababa de adoptar, una amistad que terminó. Es como el sentimiento de oír las campanas, del tiempo que pasa. Es una canción bien épica en ese sentido.

¿Y sobre el arte? 

Esa foto surgió de una sesión que hice con unos amigos para su canal de Youtube. Estábamos buscando locaciones y llegamos a ese puesto de flores y fue como ‘wow describe perfecto lo que quiero transmitir con mi música’. Esta onda súper colorida, las flores, mucha vida y salgo yo medio cabizbajo. Siempre me he preocupado porque el arte de los discos, aunque no sea un solo estilo en todo, que combine bien. En mi página siempre me ha importado como se ven todas las portadas de mis discos juntos.

La portada de este disco fue un accidente, le pedí a un amigo que me hiciera un flyer para una tocada y él se metió a mis fotos de Fb y de repende agarró esa de las flores que yo ya la tenía desde hace tiempo y la adpató como una portada y le dije ‘esa tiene que ser la portada de mi siguiente disco’ y ahí me di cuenta de que mi siguiente disco tenía que ser homónimo.

Esa portada me marcó la pauta de lo que iba a hacer musicalmente.

¿Qué cambios hiciste en tu acto en vivo? 

El Silencio en la Tierra, que toqué en el Vive Latino en Casa del Lago, traía mucho el rollo de las cuerdas. Me encanta y hasta la fecha es algo que no doy por terminado,  estaba tratando de hacer shows que sonaran como el disco, con las cuerdas, con el banjo. Ahora en este nuevo disco, hay rolas como “Ok” que nada que ver con eso. Quise armar una banda que reflejara más ese sonido directo, más de una banda tocando en vivo. Son músicos que me han acompañado de toda la vida son Gerson, Gunter, Matías que toca con Julieta y Mike en el bajo. Ahora en lugar de las cuerdas, lo pasé al teclado y yo me pasé a la guitarra eléctrica, algo que extrañaba. Es un sonido más de rock, country medio Wilco.