Raticida para el corazón

Raticida para el corazón

Por @mariedelaos
Fotografía alextapia.mx

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Intenta escribir con la izquierda. Algo sencillo como tu nombre. Intenta que esa palabra, que decidiste escribir con la mano contraria a la que siempre escribes, salga perfecta y no que la escribe una persona que por primera vez ha tomado un lápiz.

¿Sabías que la caja del Allbran está dedicado a mujeres? Allbran es el nuevo Pepe Grillo: tu consciencia siempre te hablará en segunda persona. Es una especie de plegaria, oración o consolación matutina. Dice: “hoy te vas a sentir más ligera.” También usan el cereal como verbo: “te sentirás allbranamente nueva.”

Los raticidas se dividen en gaseosos y químicos. Están configurados por dióxido de azufre y carbonato de amonio. Atacan el sistema nervioso del animal, le impide que el cerebro siga enviando impulsos eléctricos produciendo su muerte.

Lástima, no existe un raticida para la publicidad. Has aprendido a convivir con ella, hasta en tus recuerdos más viejos. ¿Existen monstruos inofensivos? ¿Existe los días especiales, uno que no traiga un pensamiento que quieras ocultar de ti misma?

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Intento escribir con la izquierda. Mi nombre se descompone en el trazo. Obligo a mi mano izquierda a escribir pero se niega a que una palabra sea legible. Quiero ir a esa parte de mi ser que no puedo obligar a escribir, que existe dentro de mí y no he podido controlar.

My darling, así me llamaba mi papá cuando era niña. Dijo que esa era la traducción de mi nombre. En realidad era la única frase en inglés que conocía. ¿En dónde la habrá escuchado? ¿En qué programa de televisión? Él que tanto odiaba que yo viera caricaturas por las mañanas. En ese pasado Allbran tenía un target para viejos, Melvin era un elefante gordo y Tigre Toño no tenía músculos.

He dejado de ver televisión pero no importa sigue ahí. La publicidad en mi vida se divide en análoga y digital. Adquiere diferentes rostros,  aparece en banners verticales y horizontales; en segunda persona y en primera.

No, no existe carbonato de amonio para los recuerdos, para colocar ese polvo corrosivo en el origen del Allbran en mi vida, extirpar la idea en su raíz. Quiero regresar al presente y estar completamente convencida de que no necesito comer ese cereal.

Mi raticida es el Allbran.

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