De los chismógrafos a Sarahah

De los chismógrafos a Sarahah

Por @SofTellez

En todas mis mudanzas hay tres cajas gigantescas que se transportan pero nunca se abren. La cinta canela con las que las sellé (hace sabe cuántos años) ya está toda descolorida y medio despegada.

Había olvidado lo que metí en ellas con exactitud: ropa, papeles, más cajas.
Sé que contienen muchos de mis mementos: camisas rayadas por mis compañeros de la primaria y de la secundaria, lápices, llaveros, calendarios, diarios… y chismógrafos.

Cuadernos y cuadernos con chismes.

Desde siempre me atrajo saber lo que la gente pensaba: tener acceso a lo que quieren compartir. Una de las cosas que más me gustaban de los chismógrafos era dejar páginas en blanco para que la gente expresara lo que quisiera. Se llamaban “hojas libres”. En ellas, los chismografeados podían escribir lo que se les antojara y era prácticamente imposible saber quién escribía qué.

Imposible para los demás; para mí, una experta en chismes, no tanto. Analizaba colores de tinta, trazo, fuerza. Intentaba investigar a quién le gustaba Elisa, quién había puesto una cara triste, quién quería con Mario Rosas. En muy pocas, contadas ocasiones, las intervenciones anónimas de la hoja libre eran cosas desagradables. La verdad es que de momento no puedo pensar en ninguna.

Con el tiempo mi afición por los chismógrafos llegó a oídos de la madre directora, que cariñosa y pasivo agresivamente me apodó “comunicadora”. El apodo me ajustaba.

Cuando salen nuevas formas de decir cosas al aire, esa misma sensación de querer saber quién dijo qué me vuelve a invadir. Me pasó con Secret, me pasó con Curious Cat, me está pasando con Sarahah. A la fecha he recibido 50 mensajes y solamente uno de ellos tuvo algún tipo de carga negativa —pero también una excelente ortografía—:

De ahí en fuera, todo ha sido una declaración de amor tras otra, elogio a mis textos, a mis ojos, a mi cuerpo. Halagos y halagos y buena onda. No entiendo mucho a la gente que dice que no va a sacar Sarahah porque hay mucho hater. Por lo menos en mi caso, como sucedía cuando dejaba la hoja libre en el chismógrafo, sólo se ha tratado de intentar adivinar quién es quién. Sobre todo aquí:

Este tipo de app me funciona porque… ¿a quién no le gustaría leer que a alguien más le gusta lo que escribes?. ¿O que tu cuerpo está padre? ¿O que disfruta ver tus selfies en Instagram? Por otro lado, también yo la he usado para dejar mensajes lindos a otras personas. A chicas que sé que les va a caer bien una palabra de ánimo, a güeyes que me caen bien, a gente que me parece brillante.

En general, me gusta tener la posibilidad de manifestar a alguien que aprecio que exista, sin que eso necesariamente traiga algo como consecuencia.

Probablemente de una forma un tanto inocente y reduccionista, creo que la razón por la que no he recibido hate es porque dedico muy poquito de mi tiempo a alimentar odios. No sólo en las redes sociales de mensajes anónimos, sino en la vida en general. Llevar una existencia libre de mala vibra —en la medida de lo posible— me ha ayudado a estar tranquila y en paz con el entorno. De por sí todo es difícil, el mundo es horrible, sobrevivir es padecer… no necesitamos más odio.

Sarahah es un pequeño espacio que, usado para el bien, puede tener resultados agradables. Pero somos humanos y es Internet. Lo bueno dura poco y seguramente los demonios del hate no tardarán en inundarlo todo. Ojalá se esperen un rato.

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