32: La muerte de todo el romance, The Dears

32: La muerte de todo el romance, The Dears

Por SofTellez
Fotos por Michel Trevilla

Hace más de una década, alguien me dijo “escucha a The Dears” y me quemó un disco, porque era la época en la que la gente aún quemaba discos. Le puso una portada que imprimió en su propia impresora y colocó cuidadosamente los títulos de las canciones. Conecté mi grabadora azul con reproductor de CD y cassette y escuché a The Dears. El año era dos mil y algo y yo todavía no cumplía 22, así que al oír “22: The Death of all the Romance” pensaba en ese momento mortal como algo lejano, casi imposible. La primera vez que los vi en vivo, en el Polyforum, fue poco menos que increíble. Estaba con todos mis amigos importantes y juntos coreamos cada una de las canciones del No Cities Left.

Pero el tiempo pasó y no sólo cumplí 22, me pasé de largo. The Dears continuaron sacando algunos discos, yo les perdí la pista. Es raro cómo funciona el amor por una banda: puede mermar un poco pero nunca desaparece del todo. Cuando me enteré de que venían al Foro Indierocks, no lo dudé, tenía que verlos, independientemente del distanciamiento.

The Dears, en esencia, se reducen al matrimonio formado por Natalia Yanchak y Murray Lightburn. Los demás miembros de la banda pueden ir y venir, pero ellos siguen. No por nada la portada de Times Infinity, Vol. 2; su disco más reciente, los presenta besándose atascadamente. En el escenario son todo menos atascados. Comienzan con “Taking ir to the Grave” y Natalia, como siempre, se concentra en su teclado y rara vez voltea a ver lo que sucede con el público. Murray, en esta ocasión vestido impecablemente con un traje y corbata, fue otra vez el puente entre los mexicanos y The Dears. Siempre han querido mucho a este público y no dejan de conmoverse al ver el compromiso de los fans cada vez que vienen.

Durante la presentación me pregunto varias veces si todo tiempo pasado fue mejor. Si ya pasó la mejor temporada para The Dears y también para mí y la respuesta es: “Sí, tal vez”. Mientras escucho “Lost in the Plot” me transporto a otro tiempo, pero el viaje termina pronto y la canción termina. Murray, consciente de que venimos a escuchar canciones viejas, hace una pausa para presentar una canción nueva, pidiendo disculpas por hacernos sufrir. El señalamiento es chistoso y también triste.

La gente escucha las nuevas canciones con paciencia pero también como si valiera la pena hacerlo solo porque vendrá una recompensa. A veces siento que somos como zombies que regresan a ese lugar en el que fueron felices y no podemos evitar congregarnos alrededor de algo que quisimos mucho. Cuando comienza a sonar “You and I Are a Gang Of Losers”, primero solo con la guitarra de Murray, pienso en que se la podría dedicar secretamente a todos los que estamos ahí. Luego se suman los demás miembros de la banda, todos nos emocionamos y la idea de ser una perdedora se me olvida.

Hacia el final de la noche, un set acústico con sólo Murray sobre el escenario trae la joya “There Goes my Outfit”. Las lágrimas se me quieren salir pero la verdad no lo logran. Estoy más feliz que triste y canto tan fuerte como puedo. “22: The Death of All the Romance” pone fin al concierto. Le cambio la letra a 32 y me agrada la idea de poder hacerlo cada década. 42 será más adelante, después 52. El caso es que el romance nunca muera.

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